Creo que cuando alguien que ha pasado por lo mismo que tú te dice que se puede salir porque él o ella ha salido de eso es mucha más fácil creerlo (y admito que aún así es complicado). Ésa es mi intención, que puedas sentirte identificad@ conmigo y llegar a pensar que si yo pude superarlo tú también puedes (y tu hij@, y tu herman@, y tu amig@...)

Pronografía infantil NO

Espero que me permitáis introducir hoy este pequeño post que se desvía del tema del blog, pero me he enterado de esta campaña para luchar contra la pronogrfía infantil en la red (todos los días, pero en especial hoy: Día Universal del Niño) y me ha parecido interesante y necesario poner un grantio más de arena a la lucha contra algo con consecuencias a menudo terribles.

Así que por todos los niños que sufren, que pierden su infancia, dejo aquí esta pequeña referencia. Si algun@ tenéis blog podéis hacer lo mismo, la idea es que en los buscadores aparezcamos al introducir los términos para agitar las conciencias.

Besos y gracias!

Saber perdonar, saber pedir perdón

Hoy tengo una bonita historia que contaros. Os pongo en antecedentes. Cuando entré en el tratamiento llevaba algún tiempo saliendo con un chico que me había ayudado mucho durante la enfermedad… en realidad se había tragado los peores años y fue quien me ayudó a pedir ayuda. La relación no iba bien, hacía tiempo que no nos entendíamos y que nos estábamos haciendo daño… él me decía cosas que me destrozaban e imagino que yo a él también. Por aquel entonces también tenía una buena amiga (de las muy muy pocas que me quedaban en aquel momento). Al poco de entrar en el centro este chico y yo lo dejamos. A pesar de la evidencia de que aquello no iba bien yo seguía pensando que volveríamos, pero él lo tenía bastante más claro… él y mi amiga eran muy amigos, y un tiempo después de dejarlo me dijeron que se gustaban y que querían que yo lo supiera.

En un principio me dolió pero me lo “tomé bien”… me lo dijeron por separado y pensé “racionalmente” que se merecían, que era bonito y que esas cosas pasaban. Sin embargo, cuando les vi juntos no pude soportalo, y les dije que no quería saber nada de ellos. Creía de verdad que habían sido sinceros conmigo (aunque me quedaba la duda) y que no me habían engañado mientras que estábamos, pero me dolía que no lo hubieran evitado y que, llegado el momento, mi amiga le prefiriera a él antes que a mí.

El caso es que desde entonces han pasado 3 años, y no he tenido contacto con ellos (excepto un par de veces que me los he encontrado y cuando me dieron el alta, que les escribí para decírselo porque había mucho de ellos en que yo hubiera podido superar la enfermedad). De los dos me he acordado este tiempo, aunque de mi amiga más, quizás simplemente porque tengo más superado que aquella relación de pareja se había acabado… sin embargo la amistad, ¿cuándo se acaba? Con el tiempo de los dos me queda un buen recuerdo, aunque aquel hecho enturbie un poco las cosas.

En fin… a lo que voy. El viernes me mandó un mensaje repentino mi amiga y me dijo que le gustaría que nos viéramos, que sabía que había metido la pata pero que me echaba de menos. En ese momento me di cuenta de que yo había estado forzando el no llamarla y que estaba deseando una excusa para poder arreglar las cosas. El mensaje llegó en el momento adecuado, hace algún tiempo lo hubiera borrado y me hubiera puesto a llorar. Le contesté y le dije que podíamos quedar, aclarar ciertas cosas y empezar un nuevo capítulo.

Quedamos, sí, y todo fue mucho más normal de lo que me imaginaba. Ambas pudimos hablar claro, desahogamos todo lo que nos dolía, pedimos perdón y perdonamos… y todo ha vuelto a la normalidad mucho más rápido de lo que podría soñar. Podemos empezar porque no hay rencor, porque yo he entendido y ella comprende, sin que eso suponga en absoluto que yo me niegue (ni le niegue a ella) lo mal que lo pasé en aquel momento. Las heridas sin embargo cicatrizan, y es bonito, muy bonito, poder sentarte de nuevo al lado de alquien a quien creías perdido, y sentarte con sinceridad, cuando llega el momento, no de forma forzada racionalizando y negando el dolor.

Así que hoy estoy muy contenta, porque una vez más, y a pesar de lo que muchas veces me han repetido, la vida me ha demostrado que es posible recuperar lo que se tenía. ¿Que no es igual? Claro que no, pero puede ser incluso mucho mejor, adaptado a lo que somos ahora.

Aquí estoy de nuevo. Tengo apuntadas un par de temas que me habéis propuesto y sobre los que me gustaría escribir, pero me ha pasado una cosa y me gustaría contárosla para que reflexionemos junt@s.

Tengo una buena amiga que está pasando por un mal momento. Hace poco más de un año perdió a su padre y ahora la madre está mala. Desde que ingresaron a la madre está en su pueblo, con ella. El caso es que se ha cerrado por completo. Sabemos que está pasando por un momento muy malo, pero el tiempo pasa y ella no parece capaz de pedirnos ayuda. La llamamos y no coge el teléfono, le mandamos mensajes y no responde… No sabemos si es que no “necesita” a nadie, si es que prefiere estar sola o si no estamos sabiendo ayudarla.

Ayer la intenté llamar de nuevo y no me lo cogió, así que decidí mandarle un mensaje algo duro diciéndole que no sabía cómo ayudarla si no me dejaba estar a su lado, que entendía que no tirara, pero que no podía entender que no necesitara hablar un poco con alguien, apoyarse en nosotras. Le dije que estaba aquí para lo que necesitara, pero que me rendía en mis intentos de ayudarla porque no sabía qué era lo que ella quería. Me constestó al momento, dolida, y empecé a sentirme culpable por el mensaje que le había mandado… pero luego pensé que había estado bien decírselo, que quizás eso le abra un poco los ojos, pero sobre todo que yo necesitaba expresarle mis sentimientos, porque llevaban tiempo rondándome en la cabeza.

Os cuento esto para haceros pensar sobre dos cosas:

1. Por un lado sobre su postura. No sé cómo actuaría yo en su lugar, pero sé cómo me gustaría actuar. Desde fuera las cosas siempre son más sencillas, y quizás por eso veo tan claro el daño que tiene que estar haciéndole llevar todo esto sola. A veces es difícil contar con los demás, con esas personas a las que queremos y con las que contamos en los buenos momentos… y cuándo llegan los malos? Entonces dejamos de apoyarnos en ellas, porque nos sentimos una carga, porque nos avergüenza sentirnos tristes, porque no tenemos fuerza… Y perdemos de vista que la otra persona no siente una carga al ayudarnos, que nos quiere, y que está deseando poder darnos un abrazo y hacernos el mal momento más llevadero. Creo que es algo que ocurre mucho con la enfermedad, y que en muchos casos es la causa (o una de las causas) que nos llevan a encerrarnos en el cuerpo y la comida.

Todos necesitamos a la gente. No hace falta tener a muchas personas a tu alrededor, pero somos seres sociales y ninguno de nosotros, por mucho que intentemos convencernos, podemos estar solos. Las angustias son tuyas, nadie te las puede quitar, pero alivia mucho levantar el teléfono y tener a una persona de confianza que pueda venir a sacarte un poco del hoyo.

2. También quería haceros pensar sobre la sensación de culpa y de impotencia, y en ese caso me centro en mí. Ayer me sentía tan mal… porque cuando la llamé y de nuevo no me lo cogió sentí que no podía hacer nada, que no me dejaba estar ahí, que no sabía como ayudar a una amiga a la que quiero tantísimo, que está fuera de Sevilla y que si ella no me coge el teléfono ni siquiera puedo plantarme en su casa y llamar a la puerta. Después cuando le mandé el mensaje y me contestó empecé a preguntarme si quizás no estaba sabiendo entenderla.

Quiero que penséis también sobre esa sensación que posiblemente tengáis tan a menudo y que, a l@s que estáis mal quizás os haga terminar en un atracón o en algo similar. Para mí ayer no hubo más, llamé a otra amiga y le lloré un rato, y pasó. Pero creo que a veces (demasiado a menudo) esperamos ser omnipotentes y eso es imposible. Nos sentimos incapaces o egoístas por no entender… y la realidad es que somos humanos, y que tenemos sentimientos, y que a veces nos equivocamos, pero no por eso tenemos que negarnos lo que sentimos.

Cuando se siente algo hay que expresarlo, y hoy, visto en la distancia, me da pena haber tenido que decirle a mi amiga las cosas tan claras, pero también me siento más tranquila, porque sé que voy a seguir a su lado, intentándolo, pero que ahora ella sabe que es imposible si no me deja y yo sé que decirle la verdad a una amiga no implica tener que esconder después la cabeza.

En fin, espero que todo esto os haga pensar. Creo que son sentimientos muy comunes, pero que cuando uno está enfermo se agravan porque no sabemos manejarlos. En otro momento yo no le hubiera dicho nada a mi amiga o habría acabado machacándome durante días por lo dicho, dejando de comer y pidiéndole perdón de rodillas. Ahora veo muy lejana esa reacción, pero imagino que much@s os identificaréis con ella.

Como ha dicho hoy mi maravillosa profesora de Relaciones Internacionales “Lo malo no es el conflicto, sino la forma de gestionarlo“. Ahí os dejo esa frase que tan bien nos viene hoy.

Un besazo enorme,

Sara*

Ay, ay, ay :)

Bueno, quería hacer esta mañana una pequeña parada en mi ritmo diario para daros una señalilla de vida desde aquí. Este curso los profesores han entrado pisando fuerte y ando muy ilusionada con todo lo que estamos aprendiendo, pero bastante hasta arriba de trabajo :) Por eso estoy escribiendo menos, y quería que supierais que sigo al otro lado de la pantalla, mirando cada día los comentarios que me dejáis y contestándolos.

Tengo ganas de escribir pero no me he parado en estas semanas a pensar sobre qué podría hablaros ahora, así que si alguien tiene alguna petición o propuesta sobre lo que le gustaría que le contara, no sólo sería un placer hacerlo, sino que me haría un favor echándome una manilla. Esta semana sólo he estado pensando en Relaciones Internacionales y Derecho de la Información jajajaja

Un besazo enorme,

Sara*

Palabras de entonces

He estado buscando cosas que escribí durante la enfermedad, pero la verdad es que no hay mucho porque hace unos meses tiré muchísimas cosas. He encontrado esto que escribí hace 7 años:

Si al menos pudiera, por un momento, mirar mi reflejo en el espejo y saber lo que soy… si al menos alguien pudiera decirme cuál de las que veo es la verdadera… si al menos por un segundo fuera capaz de ver lo que soy…

¿Niña o mujer?, ¿feliz o triste?, ¿viva o muerta?, ¿útil o inútil?, ¿gorda o delgada?, ¿fea o guapa?… pero sé que no hay respuestas… sé que jamás podré encontrarlas mientras que yo no me decida por ver alguna de ellas… no mientras que mi maldita mente se empeñe en odiarme, por dentro y por fuera.. no mientras me mire en el espejo buscando cada uno de mis defectos… No, no es posible.
Son esos malditos espejos, espejos que me acompañan en cada uno de mis pasos, espejos que me hacen ver lo que soy.. y por eso los odio… espejos que me recuerdan lo que debí haber hecho y no hice… espejos que me recuerdan mis fallos… espejos que me dicen “ésta eres tú” y que me enseñan ese maldito cuerpo con lo que sé que no puedo seguir viviendo…

Estoy perdida en medio de un océano infinito… pero mi cuerpo flota y no puedo ahogarme… no veo la orilla ni sé cómo llegar a tierra… las fuerzas se van… esas fuerzas que sólo aparecen cuando soy capaz de cambiar mi cuerpo, cuando bajan los malditos números… entonces mi cuerpo se vuelve liviano y me siento capaz de salir volando.. de salvar a los demás, de dar todo ese cariño que llevo dentro… pero vuelvo, siempre vuelvo.. y caigo de nuevo, esa maldita comida que entra en mi cuerpo y me hunde de nuevo en la oscuridad “no eres nadie, jamás serás capaz de alcanzar nada”… NO, no me digas eso, por favor… ya no tengo fuerzas para luchar contra ello…. no puedo huir de mí misma… y ese es mi peor castigo… “aquí lo tienes, lo tienes todo… tienes a tus padres, una familia maravillosa, tienes amigos estupendos, tienes una vida perfecta… pero jamás podrás disfrutarla.. porque estás cubierta de comida… y el peso no te dejará salir adelante..”

Puedes entenderlo?? Puedes entender que mi reflejo cambie de un momento a otro, que mi cuerpo se estire y se encoja en cuestión de segundos?? Puedes entender que quiera dejar de comer porque necesite ser alguien?? Puedes entender lo que siento cuando vuelvo a hacerlo? Puedes entender por qué necesito vomitar?? Puedes entender que mi vida ya no existe?? Puedes entender que mientras siga comiendo no volveré a ser yo?? Puedes entender que he perdido las esperanzas?? Puedes entender que no sepa lo que siento…?

Hoy, cuando releo estas palabras, me cuesta acordarme de cómo era sentirme así: no saber quién era, sentirme perdida, odiarme… Hoy me miro en el espejo y sonrío, porque me devuelve lo que soy, porque me conozco, porque me gusto, porque los malos momentos no hacen que se tambalee lo que siento hacia mí ni cómo percibo mi imagen. Eso es estar sano.

Hace algún tiempo, estando aún en tratamiento, encontré algo que había escrito hacía tiempo. Era un texto de la época en la que me recordaba “delgada y segura”, pero cuando lo leí me sorprendió percibir la tristeza y la angustia que se desprendía de mis palabras, aún con un peso bajo. Si lo hubiera leído ahora no me hubiera extrañado, pero en aquel momento, cuando lo encontré, aún tenía esa fantasía de que estar delgada me había hecho sentir bien. Todo era una mentira, como posiblemente aún lo sea para algun@s de vosotr@s.

Un besazo enorme,

Sara*

Sin dolor

El otro día leí un comentario sobre la negación de los sentimientos que me pareció muy bueno y me hizo pensar. Por eso hoy quiero hablaros de este tema.

Recuerdo que, cuando era pequeña, antes de desarrollar la enfermedad, me sentía indefensa. No sólo sentía una falta de control frente a lo que ocurría (como ya os conté en otra ocasión) sino que me parecía que los sentimientos me desbordaban. Siempre había sido una niña sensible, pero llegó un momento en el que todo me afectaba demasiado, hasta los detalles más mínimos: ver un perrito por la calle, que a mi madre se le cayera algo, que una persona se equivocara al pedir en la tienda… el porqué me pasaba esto no logro entenderlo, pero el caso es que todos esos detalles me hacían sentir mal.

Imaginad cómo era cuando pasaba algo con un poco más de importancia: una discusión entre mis padres, una pelea con una amiga, una pérdida… Sentía entonces un dolor inmenso, muchísima tristeza y la sensación de que no podría soportarlo.

Tuve momentos mejores y peores antes de la enfermedad, y simplemente pasaban de largo después de llorar un poco. Cuando empecé a estar mal con la comida estas sensaciones se redujeron, me protegía de no sentir centrándome en un pequeño micromundo en el que creía que nada ni nadie podría hacerme daño. Me engañaba, ahora lo tengo claro, pero en aquel momento creía que era mejor no sentir nada ni bueno ni malo a tener que soportar los malos sentimientos.

Sin embargo, a pesar de tener el “escudo” de la comida, había momentos en que los sentimientos volvían a desbordarme, con mucha más fuerza que antes de la enfermedad. Sentía que me volvía loca, que se me iba algo en ese dolor, y entonces necesitaba hacer alguna cosa que lo callara, buscaba hacerme daño físicamente para que ese dolor que yo “controlaba” gritara por encima de los sentimientos que me estaban martilleando.

Os cuento esto porque creo que también es algo muy común entre las personas con TCA. También para explicaros cómo es ahora.

Veréis… sigo siendo una persona sensible, y a veces sufro por cosas que los demás no logran comprender. Hay rachas en las que esto ocurre más (como por ejemplo esta semana) y entonces… ¿qué hago? Pues dejo que los sentimientos fluyan, ni siquiera intento razonarlos. Y si me entristecen mucho llamo a alguien y lo comparto. He aprendido que ese mismo “defecto” que me hace sufrir a veces un poco más de lo necesario es la misma “virtud” que me ayuda a disfrutar y a ilusionarme con las cosas con mayor intensidad. Y compensa, mucho.

Un besazo,

Sara*

Una visión sobre la curación

Violeta me ha dejado el siguiente comentario y he pensado que sería interesante contestarlo como post para que todos podáis leerlo. Ella decía:

Resumiendo, hay varias cuestiones:

-Si curarse es dejar de sentir el impulso de comer o de restringirse o si significa simplemente aprender a controlar ese impulso aunque siga ahí.

-Si somos como los alcohólicos que se supone que siempre están en peligro de recaer o si llega un momento que se acaba ese “peligro”.

-Si el buscar esa “curación total” puede ser motivo de frustración por ser inalcanzable.

A ver… no soy ninguna terapeuta, pero voy a dar mi opinión sobre lo que me pregunta.

Para mí curarse ha significado dejar de sentir el impulso, también para mis compañeras que están de alta. En casi todos los casos esos impulsos están ligados a unos problemas psicológicos, y cuando estos mejoran el impulso desaparece. Sin embargo, hay quizás una tendencia en algunas personas “a perder el apetito” o a sentir ansiedad. Esto es algo que les ocurre también a personas que nunca han desarrollado la enfermedad. Tengo entendido que a algunas personas que tienen ansiedad desde muy pequeñas les puede volver esa ansiedad (a pesar de estar de alta) en momentos puntuales, y es ahí donde aplican las herramientas aprendidas. Igual ocurre con las personas a las que se les “cierra el estómago”, ahí tienen que cuidarse. También me tendré que cuidar yo si me ocurre, porque mi salud, como la de cualquier persona, estaría en juego si no tuviera apetito y dejara de comer o si empezara a comer descontroladamente.

Una vez superado un TCA hay posibilidad de recaída. Juega a nuestro favor que conocemos cómo funcionamos. El final del tratamiento se dedica a conocer tus mecanismos. Yo, por ejemplo, sé cuáles serían mis alarmas antes de empezar a restringir o darme atracones, y hay muchos pasos previos. Por desgracia nada te inmuniza contra la enfermedad, podemos llegar a caer como una persona sana que nunca antes ha tenido el problema. Sin embargo, el número de personas curadas que recaen es muy pequeño y en casi todos los casos en los que ocurre la persona remonta antes de llegar a estar como estuvo la primera vez. Cuando te dan el alta estás curada, estás sana. Tanto como cuando te dan el alta de otra enfermedad cualquiera.

Y no, no creo que la “curación total” sea inalcanzable. Lo que sí nos pasa a veces es que nos creemos que estar curado es ser una persona perfecta, totalmente diferente a la que has sido nunca, y eso no es verdad. Curarse es conocerte, comprender tus virtudes y tus limitaciones y aceptarlas; es dejar de utilizar por completo la comida y el cuerpo como formas de comunicación o de protección y en consecuencia aprender a querer, comunicarte y protegerte de una manera sana, normal y diferente.

Espero haberte respondido, Violeta, y que esto pueda ayudar también a otras personas.

Un besazo,

Sara*

PD.: Sé que algunos terapeutas asomáis la cabeza a esta ventanita de vez en cuando, así que si queréis contribuir con algún comentario o proponerme escribir un post sabéis que ésta también es vuestra ventana. Algunas cosas las podéis contestar mejor que nadie.

Quizás una de las cuestiones que más nos afectaron al principio fue el sentimiento de culpabilidad al no habernos dado cuenta antes de la situación por la que estaba sufriendo Sara. Claro que también pasamos por la sensación de que nuestra hija nos había traicionado y muchas otras sensaciones más.
Sin embargo, cuando vas avanzando te das cuenta de que éstas y otras muchas cuestiones las tienes que borrar pues no ayudan para nada, ni al enfermo ni al entorno, y en cambio tienes que comenzar a plantearte las modificaciones que debes hacer para intentar que las condiciones que han propiciado la enfermedad se vayan saneando.
Creemos que a muchos de nosotros nos cuesta aceptar que estamos ante una enfermedad grave y que al igual que cualquiera de ellas requiere un tratamiento adecuado, y eso es un gran problema inicial.
Durante y después de una enfermedad grave suelen cambiar los hábitos del enfermo y también los del entorno cercano, pero aquél y éstos suelen llevar una vida normal una vez superado el proceso. Lo mismo hay que hacer cuando nos encontramos con una de estas enfermedades que resultan extrañas a los procesos generales pero que siguen su misma pauta para la curación: tenemos que asumir que hay enfermedad, tenemos que buscar a los profesionales que apliquen el tratamiento, y tenemos que modificar, el enfermo y su entorno más próximo, lo que sea necesario para salir de ella y hacer que no se repita.
Ante una enfermedad “clásica” sabemos qué conducto seguir. Sin embargo, cuando nos encontramos con algo que no acabamos de explicarnos nos cuesta entender que estamos ante una situación que requiere un proceso similar al de cualquier enfermedad grave. Incluso a veces llegamos a pensar que podemos arreglarlo nosotros mismos o el propio enfermo con su única voluntad y una pequeña ayuda. Cuestionamos cuando nos lo explican, lo que no está mal si se trata de comprender, que tratamientos como el que ha recibido Sara funcionen pues se salen de los procedimientos que conocemos. No obstante creemos que también lo cuestionamos porque nos afecta directamente y solicitan nuestra implicación directa.
Una de las cosas que hemos aprendido es que cuanto antes los afectados, directa o indirectamente, por un trastorno de conducta alimentaria asumen que están ante una enfermedad grave que requiere tratamiento y cambios en su sentido más amplio, antes es posible dejarla atrás.

Chari y Antonio

Si se callase el ruido…

Hoy de nuevo quiero robarle algunos versos a Ismael…

Si se callase el ruido
oirías la lluvia caer
limpiando la ciudad de espectros,
te oiría hablar en sueños
y abriría las ventanas.
Si se callase el ruido
quizá podríamos hablar
y soplar sobre las heridas,
quizás entenderías
que nos queda la esperanza.

Háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto,
de la luz de tu utopía, que tu voz tape este estruendo.

Porque yo no podría haberlo dicho mejor… y aunque la canción tiene un mensaje político, creo que estos versos pueden aplicarse a muchos otros momentos de dolor y angustia.

Ojalá pare pronto ese ruido que os hace callar.

Un besazo!

Sara*

Por cierto, la fabulosa fotografía es de Dorothea Lange, una recomendación para quien le guste la fotografía : )

Mis padres: La importancia de las salidas

Una de los momentos del tratamiento que más nos afectó fue cuando nos comentaron que era bueno para los pacientes que conviviesen durante un tiempo en casa de otros que también estaban en tratamiento y que nosotros recogiésemos a otros en nuestra vivienda.

A pesar de ello dijimos que adelante y modificamos algunas cosas en la casa para que ello fuese posible.

Cuando recibimos a la primera paciente, Sara estaba en una etapa muy preliminar y la paciente estaba en una etapa más avanzada. Salvado el primer momento nos sentimos bastante bien y para Sara y nosotros fue una gran ayuda. Luego pasaron bastantes más.

Llegó un momento en que las pacientes que recibíamos estaban en etapas menos avanzadas que Sara, algunas en situaciones complicadas, pero a pesar de ello aportamos lo que pudimos y aprendimos también algunas lecciones.

Creemos que en ningún momento, ni en los primeros, dejamos de sentirnos nosotros responsables del control de las pacientes y procuramos no descansar en ellas, durante las primeras etapas de Sara, la responsabilidad que considerábamos nuestra. Cuando Sara estuvo en una etapa más avanzada era ella misma quien tomaba en muchos momentos la batuta.

Durante y después de las visitas, algunas de bastantes días, mantuvimos contacto con los terapeutas para comentar aspectos que creíamos de interés para el avance de los pacientes.

Ni que decir tiene que cuando Sara tuvo que salir, lo hizo, y cumplimos las pautas que nos dieron sobre contactos aunque a veces nos costó.

Creemos que nos ayudó mucho a comprender la enfermedad y facilitar la curación de Sara el haber actuado tal como lo hicimos. Esperamos que también nuestra actuación haya ayudado a otras pacientes que pasaron por nuestro domicilio.

Para aquellos padres y familiares que estén en la misma situación que nosotros les queremos comentar que hagan lo posible porque los y las pacientes puedan realizar sus salidas cuando durante el proceso de curación estas sean necesarias. Nosotros tenemos un piso pequeño en el que convivimos cinco personas, aparte de las mascotas, y Sara ha visitado casas con muchos medios y otras humildes y pequeñas. Creemos que lo importante es conocer otros entornos y situaciones pues eso nos ayuda a crecer a todos y comprender que hay muchos tópicos sobre los enfermos y sus entornos que no son ciertos.

Chari y Antonio

Older Posts »