Creo que cuando alguien que ha pasado por lo mismo que tú te dice que se puede salir porque él o ella ha salido de eso es mucha más fácil creerlo (y admito que aún así es complicado). Ésa es mi intención, que puedas sentirte identificad@ conmigo y llegar a pensar que si yo pude superarlo tú también puedes (y tu hij@, y tu herman@, y tu amig@...)

¡Hasta siempre!

En breve mi blog pasará a formar parte de esa sección de “personas que fueron de 1espejo1000ventanas”. Llevo tiempo decidiendo cerrar pero me cuesta, la verdad :)

En fin… qué puedo deciros si ya os lo he dicho todo? Hoy sólo quiero regalaros una sonrisa y contaros que el tiempo va pasando pero que sigo sintiéndome afortunada, muy afortunada, de tener la vida que tengo… así que por las mañanas, con el fresquito, voy por la calle con una sonrisa, los pelos de punta y una lagrimilla que me asoma cuando la brisa me acaricia la cara (y no es una metáfora, me sale la lagrimilla de verdad de la buena).

Un breve

Dijo Voltaire: La gente busca la felicidad como un borracho busca su casa, sabe que existe pero no la encuentra.

Digo yo, señor Voltaire, que algunos la encontramos. Será porque no estamos borrachos.

Mail a una amiga

Le he escrito un mail a una amiga, y cuando lo he releído he pensado que podría compartirlo también con vosotr@s. Lo voy a transcribir en parte, porque es muy largo.

alegríaCariño, he llegado a casa y he estado pensando en todo lo que hemos hablado. Sabes que me cuesta un poco expresarme oralmente, y más con cosas tan profundas… y que a veces sonrío cuando en realidad no es sonreir lo que me apetece… la sonrisa surge, es una sonrisa algo nerviosa. Me hubiera gustado quizás decirte cosas un poco diferentes, aunque en esencia creo que has entendido lo que intentaba contarte.

Me da pena verte así, y aunque sé que de nada sirve decirle a una persona que se siente mal lo maravillosa que es, no quiero pasar sin decírtelo. Porque me pareces una persona increíble, me encanta tu inteligencia, tu sensibilidad, tu fuerza (la de verdad, que tienes mucha), tu vulnerabilidad, tus miedos y tu sinceridad, tus sonrisas llenas de energía y esas lagrimillas que intentan salir sin que las dejes. Me sorprende, además, que tengamos sentimientos tan parecidos, tan tan parecidos, aunque luego nos mostremos al mundo de una manera tan diferente. Estoy convencida de que son emociones universales, aunque algunos las sintamos más que otros. A veces pienso (que me llamen prepotente) que lo único que nos pasa es que somos demasiado inteligentes… el ser humano es, según dicen, el único animal consciente de la muerte. Pues nosotras somos humanas muy desarrolladas, conscientes de la certeza absoluta de que las cosas pueden acabar. Todo esto parece muy negativo, pero sigue leyendo, ya verás como no lo es tanto.

Cuando me siento realmente mal me cuesta mucho compartirlo… así que primero lo escribo, y cuando ya lo tengo en orden, entonces puedo llamar a alguien y hablarlo… El lunes escribía:

A veces vuelvo a ser esa Sarita de seis años que apretaba con fuerza la almohada contra la cara deseando que parara una angustia que era incapaz de comprender. Aquella Sarita que se inventaba a un Dios que era capaz de dominar el dolor si ella hacía lo que él le pedía, aunque le pidiera cosas terribles. Al menos así era más sencillo, al menos había una forma de controlarlo, fuera cual fuera el precio.

Controlar qué. Se preguntará el lector (se preguntaría, si lo hubiera). Controlar el dolor, el dolor propio, el dolor ajeno. Controlar todos aquellos factores que pudieran hacer tambalearse su casita, a su mami y a su papi, a su abuelita, su pequeño micromundo donde todo debía ser perfecto. Controlar sus frustraciones, su dolor, sus problemas, sus enfados… conseguir que nunca se pusieran enfermos, que jamás se sintieran tristes, que no envejecieran, que no le abandonaran, que no dejaran de protegerla.

Es sólo un trocito, pero creo que es más que suficiente. ¿Sabes qué? El lunes escribí eso, en un arranque de angustia. Unos minutos después llamé a Mari por teléfono y le conté cómo me sentía. Ella me dio todo su cariño. Y me sentí querida, muy querida, a pesar de que nada de eso me hace menos vulnerable, no importa, esos pequeños momentos merecieron la pena. En otro momento, en otra etapa de mi vida, hubiese escrito eso mismo y no lo hubiese compartido con nadie… habría crecido y habría tenido que acallarlo haciendome daño… curiosa solución que no solucionaba nada.

Cuando me fui a la cama esa noche me dio por recordar. Y aunque nadie escarmienta en cabeza ajena creo que siempre sirven de algo los testimonios ajenos hechos con sinceridad. Me acordé de todo lo que había pasado, de a dónde me habían llevado esos sentimientos y volví a ser consciente de lo enormemente afortunada que soy. No me viene mal recordar de vez en cuando que la vida me dio otra oportunidad (imagina si creyese en Dios!) y que cada minuto que respiro es un regalo, es un día más, nunca un día menos. Que todo se podría haber terminado hace 4 años, y que sigo aquí, disfrutando de muchas cosas, muchas cosas… Por eso a la mañana siguiente volví a levantarme con una sonrisa, sonreí al dar los buenos días al conductor del bus, me puse mis auriculares y disfruté del fresquito de la mañana de camino a Cajasol. Es el mismo proceso que vivo de vez en cuando. A veces tardo unos días, pero siempre vuelvo a recordar y a valorar lo que tengo.

Sufro mucho, pero también disfruto de pequeños detalles y me emociono con gestos que a muchos les pasan desapercibidos… lloro cuando veo la maldad del mundo, pero soy consciente de que en medio de la crueldad existe una luz de fuerza, sinceridad y bondad que nada ni nadie hará desaparecer. Veo a un medigo compartiendo su trozo de pan con un perrito que le mira con sus grandes ojos y el corazón se me llena… y eso no me lo quita nadie. Nada, ni el miedo ni el dolor, me quitan el disfrute que siento al dar un abrazo ni la gratitud cuando alguien me habla con cariño, o con amabilidad, o cuando me sonríen.

Así que intento quedarme con eso. Y cuando el dolor vuelve lloro un rato, lo comparto y sigo respirando.

Recuerda: Quien tiene miedo a sufrir ya sufre el miedo.

Te quiero.

¡¡FELIZ ANIVERSARIO!!

Hoy hace un año del nacimiento de 1espejo1000ventanas

mafaldaLa primera vez que nos sentamos a hablar del proyecto no pensé, ni por un momento, llegar a estar donde hoy estamos. Me acuerdo de la primera conversación, que giró en torno a la preocupación por el contenido perjudicial sobre los TCA que corre por Internet. Y nos ilusionamos imaginando que podíamos crear ventanas con aire puro y una luz diferente. A veces los sueños que parecen utópicos, si se intentan, acaban por cumplirse. Voy a tener que creer aquello de que “como no sabían que era imposible lo hicieron”.

Cuando viajé a Barcelona para la presentación en rueda de prensa me sorprendió la acogida. Hay que agradecérselo a la Fundación ABB y a los maravillosos profesionales que trabajan en ella y con ella. Además, el interés que mostraron los medios de comunicación fue una señal de que este problema preocupa, que es una enfermedad con la que muchos están sensibilizados. Significaba, también, que algunos medios estaban cansados de la misma visión manía y morbosa que siempre se da de la anorexia y la bulimia.

Tampoco pensé que tantas personas ibais a apoyarnos ni que tantas ibais a encontrar en nuestras palabras el empujón para luchar por una vida mejor. Esto, sobre todas las cosas, me ha animado a seguir escribiendo, a ilusionarme con el proyecto y a implicarme en él con lo mejor que puedo ofrecer: mi experiencia con honestidad y claridad. Este día no es nuestro día, no es el día de las personas que escribimos desde este lado. Es también y sobre todo, vuestro día, porque sin vosotros, sin los que nos leéis ahora o nos habéis leído en algún momento, nada de esto hubiera tenido sentido.

.

¡Felicidades y Muchas Gracias!

.
P.D.: A pie de página, y casi en un susurro para no quitar protagonismo al aniversario que realmente hoy importa, os diré que el lunes estuve en la última revisión del alta. Hace ya tiempo que todo se acabó, pero pensar que no tengo que volver me hace sonreir. Eso sí, echaré de menos y llevaré siempre en lo más profundo a los profesionales que me han ayudado tanto. Estoy segura de que saben el lugar tan importante que ocupan en nuestra memoria. Nunca sabré cómo agradecérselo.

De ángeles

Llevo unos días pensando en escribir un pequeño post pero hasta hoy no me he puesto. No quiero dejar pasarla oportunidad de contaros algo que me ha pasado y que me ha hecho recordar y entender.

ángelHace unos días una amiga que está pasando por un mal momento me dijo que yo era “un ángel”. La historia es larga, pero intentaré que la entendais con unas pinceladas. Os preguntareis quizás qué tiene esto de especial, si es malo o bueno… y os diré que para mí, esa expresión que quizás pudiera haber pasado desapercibida, tiene mucha importancia.

No hace tantos años (o quizás sí, ahora que lo pienso… puede hacer 8 años, cómo pasa el tiempo!) me enamoré de una amiga y, como yo misma me negaba mis sentimientos, quise ser la mejor amiga del mundo (creo que esta historia la he contado ya alguna vez). Entonces quise ser su ángel, y ella decía que lo era. Aquel calificativo me llenaba de orgullo. Significa serlo todo por y para ella… claro que entonces no era capaz de entender que aquello significa no ser nada por ni para mí. Quería ser lo imposible, quería poder protegerla, ser única para ella, dejar de ser por completo egoísta. Llegué a hacer verdaderas tonterías (claro que eso sólo lo veo ahora). Bajé mi rendimiento en los estudios, hablaba menos con mis padres, dejé de arreglarme… todo para ser menos que ella, todo para que ella se sintiera más que yo. Parece una auténtica locura, de hecho era una autentica locura.

Aquel esfuerzo por dejar de ser humana me quemaba, me iba consumiendo. Nunca era suficiente, como ocurre con el peso, siempre quería ser más. Hasta llegué a creerme que era un objetivo alcanzable. Estaba tan equivocada… Aquel esfuerzo inútil fue un punto decisivo en la enfermedad. Aquello acabó por ser una tortura para mí y un sufrimiento también para ella.

Por eso cuando el otro día esta amiga me dijo que era un ángel por seguir apoyándola en un mal momento, me eché a temblar. No pude evitar acordarme de aquella época. No quiero ser el ángel de nadie. Ni lo soy, ni puedo, ni pretendo serlo. Si me dieran la posibilidad no dudaría en decir que no. Por eso le dije: “No, no soy ningún ángel, soy tu amiga, punto”.

Ahora me pregunto cómo durante tanto tiempo he luchado por ser la única para mis amigas. Se vive mucho mejor siendo una más, aportando un toque especial y diferente, como cada uno, sin más pretensiones. Por eso, también, lejos de sentirme orgullosa de ser el único apoyo de alguien, intento siempre que mis amigas puedan contar conmigo, pero que cuenten también con otras personas. Porque ni puedo ni quiero ser el apoyo indispensable de nadie. Nadie puede con esa carga sin sacrificar algo de sí mismo, y eso no merece la pena.

Puede parecer un tópico, pero acabas por entender que si tú no te das prioridad a ti mismo, si no te cuidas y te mimas, no puedes ayudar a nadie.

Sigo aquí

Sí, hace bastante tiempo que no escribo. Por eso hoy he decidido dejaros al menos una nota. Ando liada, disfrutando de muchas cosas, pero sigo pasando por aquí a diario para ver si hay algún comentario y estoy encantada de contestarlos. Lo que sí es cierto es que (casi) se me acaban las ideas para escribiros sobre la enfermedad y su superación. Creo que esto es bueno: para mí porque significa que cada vez ocupa menos espacio en mi vida; para tod@s porque demuestra que la enfermedad es compleja, pero no tanto como para que no se acaben los temas :)

Sigo por aquí, no tengais duda de ello. Creo que lo que ya está escrito no caduca, y que puede seguir siendo una ayuda para quienes entren y necesiten un poco de luz. También seguiré leyendo los comentarios todas las semanas y contestándolos. Tampoco descarto escribir algún post cuando tenga un nuevo recuerdo o alguien me pida que explique algo sobre lo que necesita saber más. Por lo demás, sé que ahora hay blogs mucho más activos que el mío, y me parece que así debe ser. Nuevos puntos de vista siempre son enriquecedores.

Si quereis hacerme una visita en registros muy diferentes a este blog (que sin duda es el que más quiero y el que más significa para mí), andaré expresando mi mundo en fotos junto con algunos amigos en Retablos, administrando un blog sobre Mujer y Empresa Informativa (que está en otras manos y pasará la semana que viene a las nuetras jeje) y otro sobre Periodismo Social y Educativo (que también es un proyecto precioso pero que aún está intentando arrancar).

Y dejo ya de hacerme publicidad! Sigo leyéndoos, así que no dudeis en escribir para lo que necesiteis.

Un besazo,
Sara*

Cómo era todo antes

¡Aquí estoy de nuevo! ¿Cómo estáis? Espero que bien. Yo estoy contenta, por ahora los exámenes me han salido bastante bien (excepto uno dudoso que hay por ahí) y me queda uno el miércoles que no es muy complicado, así que me he decidido a escribiros.

Quería hablaros hoy de un sentimiento relacionado con los exámenes (ya, no podía ser de otro modo! jeje).

El viernes, en el pasado examen, me encontré con una compañera que tiene unas notas fantásticas (cuando digo fantásticas es fantásticas: sobresalientes y matrículas). Estaba hecha un manojo de nervios. Mientras repasaba todos los apuntes, los libros de ampliación y los esquemas me repetía que iba a suspender, que seguro que iba a suspender. Le dije que no se engañara, que sabía que siempre tenía ese ataque pre-exámenes y que luego todo iba bien. Me sorprendía su miedo… pero más aún me sorprendió que me soprendiera.

Me miré entonces y me paré a pensar cómo han cambiado las cosas. Pasé de extrañarme por su actitud a mirarla y verme hace unos años. Recordé entonces el miedo que sentía, la sensación terrible de que iba a suspender y cómo todos me miraban con cara rara o me criticaban por quejarme “aún sabiendo que iba a sacar buena nota”. Se equivocaban, en esos momentos yo no pensaba que iba a sacar una buena nota, y de nada me servía mirar atrás y tratar de tranquilizarme pensando que mis resultados solían ser buenos. La inseguridad y la angustia me podían.

No voy a decir que ahora no me ponga nerviosa antes de los exámenes, soy una persona bastante nerviosa, ciertamente. Sin embargo, puedo diferenciar claramente cuándo llevo un examen bien preparado. Cuando llego a la facultad y me preguntan qué tal me lo sé no dudo en decir que bien si es así (a costa de que más de una vez me hayan dicho que voy de sobrada :P ) y cuando salgo de hacerlo soy objetiva con la validez de mi examen. Es una sensación fantástica poder discernir cuándo se sabe algo o cuándo no se sabe, cuándo se ha hecho un buen trabajo y cuándo no… poder estar satisfecha de lo que he hecho.

Y, sin embargo, saber que hay cosas que no cambian. Saber que soy insegura y que no me viene bien repasar horas antes de un examen porque en esos momentos empiezo a sentir que todo se me olvida; y que no debo revisar los apuntes al salir. Así que las mañanas antes de los examenes me voy a dar un paseo y cuando salgo del examen no me quedo por la facultad. Mis amigos de clase se ríen cuando les cuento que los días que tenemos exámenes por la tarde dedico la mañana a irme al centro comercial que hay junto a mi casa, a menudo sin afán de comprar nada, sólo para darme una vuelta, incluso probarme alguna ropa o mirar algún libro… dedicando las horas a algo intrascendental que me haga olvidarme del examen. Este año Fama me ha ayudado, sin duda, a pasar las horas previas a los exámenes! jaja Mi mayor preocupación en ese rato era saber a quién iba a echar :) (aunque me venían oleadas de nervios repentinas).

Muchos de estos sentimientos que ahora conozco y que tan normales me parecen, son nuevos. La verdad es que ya había olvidado cómo era todo antes.

Un besazo enorme,

Sara*

Hoy habla Quino

Os deseo tanta fuerza como cosas puede tener dentro un lápiz ;)

Mientras vuelvo…

Mientras vuelvo he pensando dejaros aquí alguna viñeta de un dibujante que me encanta y que suele publicar en El País. Espero que os hagan sonreir.

¡Sigo aquí!

Hola, personitas :)

Os escribo para dar al menos señales de vida y deciros que sigo aquí. Ando liada terminando algunos trabajos de clase y preparando los exámenes, que empiezan en una semana. Por eso no he escrito, pero sigo entrando en el blog a diario para leer vuestros comentarios y responderlos. Tengo varias cosas pendientes de las que quiero hablaros (entre ellas ese reportaje que ya estoy terminando sobre TCA e identidad) y a la vuelta escribiré sobre ellas, pero mientras quería que supierais que no me he ido y que si necesitais cualquier cosa sólo tenéis que escribir un comentario y aquí estaré para responderlo con mucho gusto.

Mientras espero que sigáis al menos caminando. No importa tanto que la racha sea buena o mala, que hayais tropezado o que os sintáis cansad@s. Lo que importa es que a pesar de eso sigais en el camino, poco a poco.

Un abrazo enorme.

Older Posts »