Aquí estoy de nuevo. Tengo apuntadas un par de temas que me habéis propuesto y sobre los que me gustaría escribir, pero me ha pasado una cosa y me gustaría contárosla para que reflexionemos junt@s.
Tengo una buena amiga que está pasando por un mal momento. Hace poco más de un año perdió a su padre y ahora la madre está mala. Desde que ingresaron a la madre está en su pueblo, con ella. El caso es que se ha cerrado por completo. Sabemos que está pasando por un momento muy malo, pero el tiempo pasa y ella no parece capaz de pedirnos ayuda. La llamamos y no coge el teléfono, le mandamos mensajes y no responde… No sabemos si es que no “necesita” a nadie, si es que prefiere estar sola o si no estamos sabiendo ayudarla.
Ayer la intenté llamar de nuevo y no me lo cogió, así que decidí mandarle un mensaje algo duro diciéndole que no sabía cómo ayudarla si no me dejaba estar a su lado, que entendía que no tirara, pero que no podía entender que no necesitara hablar un poco con alguien, apoyarse en nosotras. Le dije que estaba aquí para lo que necesitara, pero que me rendía en mis intentos de ayudarla porque no sabía qué era lo que ella quería. Me constestó al momento, dolida, y empecé a sentirme culpable por el mensaje que le había mandado… pero luego pensé que había estado bien decírselo, que quizás eso le abra un poco los ojos, pero sobre todo que yo necesitaba expresarle mis sentimientos, porque llevaban tiempo rondándome en la cabeza.
Os cuento esto para haceros pensar sobre dos cosas:
1. Por un lado sobre su postura. No sé cómo actuaría yo en su lugar, pero sé cómo me gustaría actuar. Desde fuera las cosas siempre son más sencillas, y quizás por eso veo tan claro el daño que tiene que estar haciéndole llevar todo esto sola. A veces es difícil contar con los demás, con esas personas a las que queremos y con las que contamos en los buenos momentos… y cuándo llegan los malos? Entonces dejamos de apoyarnos en ellas, porque nos sentimos una carga, porque nos avergüenza sentirnos tristes, porque no tenemos fuerza… Y perdemos de vista que la otra persona no siente una carga al ayudarnos, que nos quiere, y que está deseando poder darnos un abrazo y hacernos el mal momento más llevadero. Creo que es algo que ocurre mucho con la enfermedad, y que en muchos casos es la causa (o una de las causas) que nos llevan a encerrarnos en el cuerpo y la comida.
Todos necesitamos a la gente. No hace falta tener a muchas personas a tu alrededor, pero somos seres sociales y ninguno de nosotros, por mucho que intentemos convencernos, podemos estar solos. Las angustias son tuyas, nadie te las puede quitar, pero alivia mucho levantar el teléfono y tener a una persona de confianza que pueda venir a sacarte un poco del hoyo.
2. También quería haceros pensar sobre la sensación de culpa y de impotencia, y en ese caso me centro en mí. Ayer me sentía tan mal… porque cuando la llamé y de nuevo no me lo cogió sentí que no podía hacer nada, que no me dejaba estar ahí, que no sabía como ayudar a una amiga a la que quiero tantísimo, que está fuera de Sevilla y que si ella no me coge el teléfono ni siquiera puedo plantarme en su casa y llamar a la puerta. Después cuando le mandé el mensaje y me contestó empecé a preguntarme si quizás no estaba sabiendo entenderla.
Quiero que penséis también sobre esa sensación que posiblemente tengáis tan a menudo y que, a l@s que estáis mal quizás os haga terminar en un atracón o en algo similar. Para mí ayer no hubo más, llamé a otra amiga y le lloré un rato, y pasó. Pero creo que a veces (demasiado a menudo) esperamos ser omnipotentes y eso es imposible. Nos sentimos incapaces o egoístas por no entender… y la realidad es que somos humanos, y que tenemos sentimientos, y que a veces nos equivocamos, pero no por eso tenemos que negarnos lo que sentimos.
Cuando se siente algo hay que expresarlo, y hoy, visto en la distancia, me da pena haber tenido que decirle a mi amiga las cosas tan claras, pero también me siento más tranquila, porque sé que voy a seguir a su lado, intentándolo, pero que ahora ella sabe que es imposible si no me deja y yo sé que decirle la verdad a una amiga no implica tener que esconder después la cabeza.
En fin, espero que todo esto os haga pensar. Creo que son sentimientos muy comunes, pero que cuando uno está enfermo se agravan porque no sabemos manejarlos. En otro momento yo no le hubiera dicho nada a mi amiga o habría acabado machacándome durante días por lo dicho, dejando de comer y pidiéndole perdón de rodillas. Ahora veo muy lejana esa reacción, pero imagino que much@s os identificaréis con ella.
Como ha dicho hoy mi maravillosa profesora de Relaciones Internacionales “Lo malo no es el conflicto, sino la forma de gestionarlo“. Ahí os dejo esa frase que tan bien nos viene hoy.
Un besazo enorme,
Sara*