Creo que cuando alguien que ha pasado por lo mismo que tú te dice que se puede salir porque él o ella ha salido de eso es mucha más fácil creerlo (y admito que aún así es complicado). Ésa es mi intención, que puedas sentirte identificad@ conmigo y llegar a pensar que si yo pude superarlo tú también puedes (y tu hij@, y tu herman@, y tu amig@...)

Mis padres: A modo de despedida

Aunque seguiremos estando disponibles para cualquiera que necesite nuestra ayuda, creemos que hemos reflejado en nuestros comentarios los aspectos fundamentales que queríamos exponer y aunque hay muchas más vivencias en algún momento hay que dejarlo para no repetirse demasiado.
Agradecemos el habernos dedicado su tiempo a todas las personas que nos han leído y si le hemos servido para algo, aunque sea a una sola, damos por muy buena nuestra participación.

Agradecemos también con estas líneas la ayuda de tantos pacientes junto a su entorno cercano que han ayudado a Sara a salir de su enfermedad y a nosotros a comprenderla un poco. Les deseamos el mejor futuro a todos.

Agradecemos a todo el equipo, desde las personas encargadas del catering, pasando por administración, y continuando por el grupo de terapeutas y médicos que en un momento u otro han dedicado a Sara su tremenda dedicación y esfuerzo. Las muchas visitas al centro nos han permitido comprobar que hay profesionales para los que priman las ganas de ayudar a los pacientes antes que otras cuestiones. También hemos visto cómo se alegran de los éxitos y luchan hasta donde les es posible, a veces incluso más allá, con las dificultades.

Para finalizar, agradecemos a Sara que nos haya prestado esta ventana por la que asomarnos.

Chari y Antonio

PD.: A modo de postdata quiero darles yo las gracias, por toda su ayuda, por su apoyo, por su paciencia, por haberme dado no dos sino mil oportunidades, por confiar en mí y por compartir con vosotros (y conmigo) esta pequeña ventana.

¡¡FELIZ 2009!!

Cantaba Ismael Serrano que Casandra había visto en una ocasión la luz del alba asomar por una cancela que nadie jamás abrió. Para este año que entra os deseo que encontréis esa puerta y, con la llave de los deseos, accedáis al lugar donde habitan los sueños.

¡¡FELIZ 2009!!

Navidad

Ayer estuve hablando con mi madre sobre qué podríamos hacer de comer en Nochebuena. Riendo con ella en la cocina, decidiendo si era mejor hacer canapés o cestitas, y bromeando sobre la tradición maravillosa de hacer cada año lomo a la sal con salsa de roquefort. El árbol de Navidad ya está puesto, tengo comprados todos los regalitos y organizadas las vacaciones: este lunes comida de Navidad con unas amigas maravillosas (cada una llevaremos algún plato hecho por nosotras), del 26 al 29 con otras amigas (mis tres diablitas) a la playa, algunos días para estudiar, otros muchos para disfrutar… Éstas son ahora mis vacaciones de Navidad, pero no siempre han sido alegres, ni siquiera sencillas, y por eso hoy quería hablaros de ello (y por petición de Roser).

¿Qué puedo contaros que no sepáis? Durante años las Navidades han sido una pesadilla, y eso que en mi familia no se hacen grandes comidas en familia, sólo estamos los cinco juntos, con comida algo más especial pero en absoluta confianza. Recuerdo que siempre, cuando llegaban estos días, la ansiedad aumentaba muchísimo, el “control” que había mantenido se me iba totalmente de las manos y la culpa era enorme. Eso aumentaba mucho mi mal humor, las malas contestaciones y la angustia. Pero a la vez me sentía muy culpable, porque era Navidad y sentía que tenía ser un momento de felicidad y que yo no podía amargarle de esa forma las fiestas a todos, menos aún a mi hermana, que era pequeña. Y hacía un esfuerzo no siempre con buenos resultado y que además me cansaba muchísimo.

Recuerdo también que era en esos momentos cuando más sola me sentía… veía a la gente salir de fiesta, comer con sus amigos… mientras yo estaba en casa, llorando y pensando exclusivamente en mí, en mi angustia, en mi cuerpo, en lo que había comido, en mi dolor y en cómo podía hacer para que eso parara. No hace tanto tiempo… de hecho, hace tan sólo cuatro años por estas fechas estaba ingresada y pensando que no iba a poder pasar las Navidades en casa, y casi ni me importaba.

Me cuesta mirar atrás, no lo voy a negar. Pero creo que es importante hacerlo para valorar más lo que se tiene, y además me parece que puede ayudaros a los que estáis aún en ese momento en el que las navidades son un infierno.

Sé que es uno de esos momentos en los que uno quiere tirar la toalla, y ojalá pudiera transmitiros cuánto merece la pena aguantar ese apretón, apretar los puños y tirar para adelante. Hace dos años que disfruto de las fiestas con ilusión, las comparto con las personas que quiero y disfruto con comidas que no son tan habituales en otros momentos del año. Llegará un día en el que no sólo seáis capaces de disfrutar la Navidad sin pensar en la comida, sino que ésta tendrá también un papel especial en esos días, ¿por qué negarlo? Y también reiréis en la cocina, preparando la cena de Navidad y picoteando de todos los riquísimos platos antes de que lleguen a la mesa.

Que estas Navidades sean lo más felices posibles, seguro que mejores a las de años enteriores; y que Papá Noel os traiga la fuerza y la esperanza necesaria para seguir luchando.

Un besazo,

Sara*

En el papel de periodista

Buenas tardes, ¿qué tal va todo por ahí?

Hoy quería contaros un proyecto académico que tengo entre manos y que tiene que ver con estos blogs, pero sobre todo con vosotr@s, con nosotr@s.

Tengo este año una asignatura de Periodismo Social y Educativo en la que estamos aprendiendo una forma diferente (y a mi entender mucho mejor) de hacer periodismo. Tenemos que hacer un reportaje en profundidad sobre algún problema social desde un enfoque diferente al de siempre y, después de barajar varios temas, me he decidido por los TCA. ¿Por qué? Pues sobre todo con vistas a que luego lo podamos publicar en un blog que estamos haciendo, y que aunque no sea un gran medio al menos desde ahí pongamos un granito de arena más a este nuevo enfoque sobre la enfermedad. Además, para mí es todo un reto actuar como periodista esta vez para hacer un reportaje en profundidad, y no hablar del tema desde el yo.

Pues bien. El enfoque de partida es La búsqueda de la identidad como clave en el desarrollo de los trastornos de alimentación. Creo que, de las muchas piezas que componen esta enfermedad, ese punto es uno de los que menos he visto reflejado en los medios. Además, hablaré de las comunidades pro-ana y pro-mia y de la identidad grupal.

Quería contároslo para compartirlo, para ver qué os parece la idea y para que me aporteis todo lo que queráis. Si alguna en especial siente que ha intentado encontrar en la anorexia o la bulimia su “Yo soy…” me encantaría que me lo dijera, para ponernos en contacto y yo poder dar voz a esos sentimientos en el reportaje.

Muchas gracias, como siempre!

Necesitamos un porqué

Hace algún tiempo, cuando pedí que me dierais ideas sobre qué cosas os gustaría que contara, me propusieron, entre otras cuestiones, hablar de qué me había animado para curarme. Me pareció un punto interesante, y por eso hoy quiero dedicarle unas líneas.

La verdad es que en un principio no era capaz de identificar nada positivo que me empujara a pedir ayuda. A lo sumo me sentía culpable, en deuda con mi familia, y con tanta angustia que no era capaz de administrar que sabía que algo debía hacer. No era una actitud muy positiva, lo sé, pero quienes estéis ahora mismo en esos primeros momentos lo entenderéis muy bien. También tengo que decir que para cuando llegué al centro (ABB) ya había pasado por varios tratamientos y, especialmente, por la experiencia del hospital. Si bien es verdad que, como os conté en su día, no era entonces muy consciente de lo mal que había estado, creo que algo dentro de mí, inconscientemente, había dicho que ya estaba bien.

Por otro lado, sentía que debía darle ese intento a mi familia. Por eso, aunque sin muchas esperanzas, empecé.  Digo sin muchas esperanzas y no “sin ninguna esperanza” porque creo que quien empieza un tratamiento, por muy desesperanzado que esté, ve aún un atisbo de luz, aunque seamos incapaces de identificarlo. Y eso es lo que debemos aprovechar.

Una vez que empecé me quise retirar, en varias ocasiones. Algunas de estas veces fueron berrinches cortos, y acababa repitiéndome que siempre podría volver a lo de antes, que lo tenía que intentar. Sin embargo, una de las veces de verdad me plateé que abandonaba, me negué a ir al centro. Ese día una de mis terapeutas me leyó una carta que había escrito al entrar… cuando llegó la parte en la que hablaba de mi hermana se me vino abajo el mundo, y decidí que tenía que seguir. Ese día ella me había salvado de rendirme.

Con el tiempo (y sólo con el tiempo) las razones para seguir adelante y salir del todo de este infierno fueron aumentando en número y haciéndose más fuertes en intensidad. Retomé la Universidad y me ilusioné con los estudios; me reencontré con amigos a los que hacía mucho que había echado de mi lado; empecé a estar mejor en casa; conocí a nuevos amigos; experimenté nuevas sensaciones; empecé a sentirme mejor, a disfrutar de las cosas, a vivir experiencias que no conocía… En definitiva me fui queriendo, me fui sintiendo cada vez mejor, y a medida que esto pasaba me motivé (aunque aún quedaban momento muy difíciles) y me enganché a esas nuevas emociones. Cada vez me iba soltando más del clavo ardiendo de la enfermedad y me iba dando cuenta de que no sólo no me caía, sino de que había un mundo maravilloso ahí fuera.

Sí, fui abriendo ventanas, y fueron esas mismas ventanas las que me animaron a ir abriendo otras nuevas. A medida que el aire viciado iba saliendo de la habitación me iba sintiendo mejor, y cada vez más sentía ganas y curiosidad por saber qué sería lo siguiente que la vida me regalaba.

Cada uno tiene sus razones para salir adelante, por supuesto. En un principio estas razones pueden ser muy diferentes, pero creo que a medida que el tratamiento avanza sólo debe quedar una y esa es común a todos y engloba lo demás: el quererse a uno mismo.

Otro día os voy a hablar de qué cosas del tratamiento en concreto me ayudaron, porque creo que muchos de los que leeis estáis en tratamiento o empezando la valoración en el centro. Os hablaré del teatro (y de nuestro fantástico Raúl), del grupo de autoayuda, de las salidas de grupos, los cronogramas… seguro que a muchos os suena todo esto! Pero esa… es otra historia :)

Un besazo,

Sara*

Pronografía infantil NO

Espero que me permitáis introducir hoy este pequeño post que se desvía del tema del blog, pero me he enterado de esta campaña para luchar contra la pronogrfía infantil en la red (todos los días, pero en especial hoy: Día Universal del Niño) y me ha parecido interesante y necesario poner un grantio más de arena a la lucha contra algo con consecuencias a menudo terribles.

Así que por todos los niños que sufren, que pierden su infancia, dejo aquí esta pequeña referencia. Si algun@ tenéis blog podéis hacer lo mismo, la idea es que en los buscadores aparezcamos al introducir los términos para agitar las conciencias.

Besos y gracias!

Saber perdonar, saber pedir perdón

Hoy tengo una bonita historia que contaros. Os pongo en antecedentes. Cuando entré en el tratamiento llevaba algún tiempo saliendo con un chico que me había ayudado mucho durante la enfermedad… en realidad se había tragado los peores años y fue quien me ayudó a pedir ayuda. La relación no iba bien, hacía tiempo que no nos entendíamos y que nos estábamos haciendo daño… él me decía cosas que me destrozaban e imagino que yo a él también. Por aquel entonces también tenía una buena amiga (de las muy muy pocas que me quedaban en aquel momento). Al poco de entrar en el centro este chico y yo lo dejamos. A pesar de la evidencia de que aquello no iba bien yo seguía pensando que volveríamos, pero él lo tenía bastante más claro… él y mi amiga eran muy amigos, y un tiempo después de dejarlo me dijeron que se gustaban y que querían que yo lo supiera.

En un principio me dolió pero me lo “tomé bien”… me lo dijeron por separado y pensé “racionalmente” que se merecían, que era bonito y que esas cosas pasaban. Sin embargo, cuando les vi juntos no pude soportalo, y les dije que no quería saber nada de ellos. Creía de verdad que habían sido sinceros conmigo (aunque me quedaba la duda) y que no me habían engañado mientras que estábamos, pero me dolía que no lo hubieran evitado y que, llegado el momento, mi amiga le prefiriera a él antes que a mí.

El caso es que desde entonces han pasado 3 años, y no he tenido contacto con ellos (excepto un par de veces que me los he encontrado y cuando me dieron el alta, que les escribí para decírselo porque había mucho de ellos en que yo hubiera podido superar la enfermedad). De los dos me he acordado este tiempo, aunque de mi amiga más, quizás simplemente porque tengo más superado que aquella relación de pareja se había acabado… sin embargo la amistad, ¿cuándo se acaba? Con el tiempo de los dos me queda un buen recuerdo, aunque aquel hecho enturbie un poco las cosas.

En fin… a lo que voy. El viernes me mandó un mensaje repentino mi amiga y me dijo que le gustaría que nos viéramos, que sabía que había metido la pata pero que me echaba de menos. En ese momento me di cuenta de que yo había estado forzando el no llamarla y que estaba deseando una excusa para poder arreglar las cosas. El mensaje llegó en el momento adecuado, hace algún tiempo lo hubiera borrado y me hubiera puesto a llorar. Le contesté y le dije que podíamos quedar, aclarar ciertas cosas y empezar un nuevo capítulo.

Quedamos, sí, y todo fue mucho más normal de lo que me imaginaba. Ambas pudimos hablar claro, desahogamos todo lo que nos dolía, pedimos perdón y perdonamos… y todo ha vuelto a la normalidad mucho más rápido de lo que podría soñar. Podemos empezar porque no hay rencor, porque yo he entendido y ella comprende, sin que eso suponga en absoluto que yo me niegue (ni le niegue a ella) lo mal que lo pasé en aquel momento. Las heridas sin embargo cicatrizan, y es bonito, muy bonito, poder sentarte de nuevo al lado de alquien a quien creías perdido, y sentarte con sinceridad, cuando llega el momento, no de forma forzada racionalizando y negando el dolor.

Así que hoy estoy muy contenta, porque una vez más, y a pesar de lo que muchas veces me han repetido, la vida me ha demostrado que es posible recuperar lo que se tenía. ¿Que no es igual? Claro que no, pero puede ser incluso mucho mejor, adaptado a lo que somos ahora.

Aquí estoy de nuevo. Tengo apuntadas un par de temas que me habéis propuesto y sobre los que me gustaría escribir, pero me ha pasado una cosa y me gustaría contárosla para que reflexionemos junt@s.

Tengo una buena amiga que está pasando por un mal momento. Hace poco más de un año perdió a su padre y ahora la madre está mala. Desde que ingresaron a la madre está en su pueblo, con ella. El caso es que se ha cerrado por completo. Sabemos que está pasando por un momento muy malo, pero el tiempo pasa y ella no parece capaz de pedirnos ayuda. La llamamos y no coge el teléfono, le mandamos mensajes y no responde… No sabemos si es que no “necesita” a nadie, si es que prefiere estar sola o si no estamos sabiendo ayudarla.

Ayer la intenté llamar de nuevo y no me lo cogió, así que decidí mandarle un mensaje algo duro diciéndole que no sabía cómo ayudarla si no me dejaba estar a su lado, que entendía que no tirara, pero que no podía entender que no necesitara hablar un poco con alguien, apoyarse en nosotras. Le dije que estaba aquí para lo que necesitara, pero que me rendía en mis intentos de ayudarla porque no sabía qué era lo que ella quería. Me constestó al momento, dolida, y empecé a sentirme culpable por el mensaje que le había mandado… pero luego pensé que había estado bien decírselo, que quizás eso le abra un poco los ojos, pero sobre todo que yo necesitaba expresarle mis sentimientos, porque llevaban tiempo rondándome en la cabeza.

Os cuento esto para haceros pensar sobre dos cosas:

1. Por un lado sobre su postura. No sé cómo actuaría yo en su lugar, pero sé cómo me gustaría actuar. Desde fuera las cosas siempre son más sencillas, y quizás por eso veo tan claro el daño que tiene que estar haciéndole llevar todo esto sola. A veces es difícil contar con los demás, con esas personas a las que queremos y con las que contamos en los buenos momentos… y cuándo llegan los malos? Entonces dejamos de apoyarnos en ellas, porque nos sentimos una carga, porque nos avergüenza sentirnos tristes, porque no tenemos fuerza… Y perdemos de vista que la otra persona no siente una carga al ayudarnos, que nos quiere, y que está deseando poder darnos un abrazo y hacernos el mal momento más llevadero. Creo que es algo que ocurre mucho con la enfermedad, y que en muchos casos es la causa (o una de las causas) que nos llevan a encerrarnos en el cuerpo y la comida.

Todos necesitamos a la gente. No hace falta tener a muchas personas a tu alrededor, pero somos seres sociales y ninguno de nosotros, por mucho que intentemos convencernos, podemos estar solos. Las angustias son tuyas, nadie te las puede quitar, pero alivia mucho levantar el teléfono y tener a una persona de confianza que pueda venir a sacarte un poco del hoyo.

2. También quería haceros pensar sobre la sensación de culpa y de impotencia, y en ese caso me centro en mí. Ayer me sentía tan mal… porque cuando la llamé y de nuevo no me lo cogió sentí que no podía hacer nada, que no me dejaba estar ahí, que no sabía como ayudar a una amiga a la que quiero tantísimo, que está fuera de Sevilla y que si ella no me coge el teléfono ni siquiera puedo plantarme en su casa y llamar a la puerta. Después cuando le mandé el mensaje y me contestó empecé a preguntarme si quizás no estaba sabiendo entenderla.

Quiero que penséis también sobre esa sensación que posiblemente tengáis tan a menudo y que, a l@s que estáis mal quizás os haga terminar en un atracón o en algo similar. Para mí ayer no hubo más, llamé a otra amiga y le lloré un rato, y pasó. Pero creo que a veces (demasiado a menudo) esperamos ser omnipotentes y eso es imposible. Nos sentimos incapaces o egoístas por no entender… y la realidad es que somos humanos, y que tenemos sentimientos, y que a veces nos equivocamos, pero no por eso tenemos que negarnos lo que sentimos.

Cuando se siente algo hay que expresarlo, y hoy, visto en la distancia, me da pena haber tenido que decirle a mi amiga las cosas tan claras, pero también me siento más tranquila, porque sé que voy a seguir a su lado, intentándolo, pero que ahora ella sabe que es imposible si no me deja y yo sé que decirle la verdad a una amiga no implica tener que esconder después la cabeza.

En fin, espero que todo esto os haga pensar. Creo que son sentimientos muy comunes, pero que cuando uno está enfermo se agravan porque no sabemos manejarlos. En otro momento yo no le hubiera dicho nada a mi amiga o habría acabado machacándome durante días por lo dicho, dejando de comer y pidiéndole perdón de rodillas. Ahora veo muy lejana esa reacción, pero imagino que much@s os identificaréis con ella.

Como ha dicho hoy mi maravillosa profesora de Relaciones Internacionales “Lo malo no es el conflicto, sino la forma de gestionarlo“. Ahí os dejo esa frase que tan bien nos viene hoy.

Un besazo enorme,

Sara*

Ay, ay, ay :)

Bueno, quería hacer esta mañana una pequeña parada en mi ritmo diario para daros una señalilla de vida desde aquí. Este curso los profesores han entrado pisando fuerte y ando muy ilusionada con todo lo que estamos aprendiendo, pero bastante hasta arriba de trabajo :) Por eso estoy escribiendo menos, y quería que supierais que sigo al otro lado de la pantalla, mirando cada día los comentarios que me dejáis y contestándolos.

Tengo ganas de escribir pero no me he parado en estas semanas a pensar sobre qué podría hablaros ahora, así que si alguien tiene alguna petición o propuesta sobre lo que le gustaría que le contara, no sólo sería un placer hacerlo, sino que me haría un favor echándome una manilla. Esta semana sólo he estado pensando en Relaciones Internacionales y Derecho de la Información jajajaja

Un besazo enorme,

Sara*

Palabras de entonces

He estado buscando cosas que escribí durante la enfermedad, pero la verdad es que no hay mucho porque hace unos meses tiré muchísimas cosas. He encontrado esto que escribí hace 7 años:

Si al menos pudiera, por un momento, mirar mi reflejo en el espejo y saber lo que soy… si al menos alguien pudiera decirme cuál de las que veo es la verdadera… si al menos por un segundo fuera capaz de ver lo que soy…

¿Niña o mujer?, ¿feliz o triste?, ¿viva o muerta?, ¿útil o inútil?, ¿gorda o delgada?, ¿fea o guapa?… pero sé que no hay respuestas… sé que jamás podré encontrarlas mientras que yo no me decida por ver alguna de ellas… no mientras que mi maldita mente se empeñe en odiarme, por dentro y por fuera.. no mientras me mire en el espejo buscando cada uno de mis defectos… No, no es posible.
Son esos malditos espejos, espejos que me acompañan en cada uno de mis pasos, espejos que me hacen ver lo que soy.. y por eso los odio… espejos que me recuerdan lo que debí haber hecho y no hice… espejos que me recuerdan mis fallos… espejos que me dicen “ésta eres tú” y que me enseñan ese maldito cuerpo con lo que sé que no puedo seguir viviendo…

Estoy perdida en medio de un océano infinito… pero mi cuerpo flota y no puedo ahogarme… no veo la orilla ni sé cómo llegar a tierra… las fuerzas se van… esas fuerzas que sólo aparecen cuando soy capaz de cambiar mi cuerpo, cuando bajan los malditos números… entonces mi cuerpo se vuelve liviano y me siento capaz de salir volando.. de salvar a los demás, de dar todo ese cariño que llevo dentro… pero vuelvo, siempre vuelvo.. y caigo de nuevo, esa maldita comida que entra en mi cuerpo y me hunde de nuevo en la oscuridad “no eres nadie, jamás serás capaz de alcanzar nada”… NO, no me digas eso, por favor… ya no tengo fuerzas para luchar contra ello…. no puedo huir de mí misma… y ese es mi peor castigo… “aquí lo tienes, lo tienes todo… tienes a tus padres, una familia maravillosa, tienes amigos estupendos, tienes una vida perfecta… pero jamás podrás disfrutarla.. porque estás cubierta de comida… y el peso no te dejará salir adelante..”

Puedes entenderlo?? Puedes entender que mi reflejo cambie de un momento a otro, que mi cuerpo se estire y se encoja en cuestión de segundos?? Puedes entender que quiera dejar de comer porque necesite ser alguien?? Puedes entender lo que siento cuando vuelvo a hacerlo? Puedes entender por qué necesito vomitar?? Puedes entender que mi vida ya no existe?? Puedes entender que mientras siga comiendo no volveré a ser yo?? Puedes entender que he perdido las esperanzas?? Puedes entender que no sepa lo que siento…?

Hoy, cuando releo estas palabras, me cuesta acordarme de cómo era sentirme así: no saber quién era, sentirme perdida, odiarme… Hoy me miro en el espejo y sonrío, porque me devuelve lo que soy, porque me conozco, porque me gusto, porque los malos momentos no hacen que se tambalee lo que siento hacia mí ni cómo percibo mi imagen. Eso es estar sano.

Hace algún tiempo, estando aún en tratamiento, encontré algo que había escrito hacía tiempo. Era un texto de la época en la que me recordaba “delgada y segura”, pero cuando lo leí me sorprendió percibir la tristeza y la angustia que se desprendía de mis palabras, aún con un peso bajo. Si lo hubiera leído ahora no me hubiera extrañado, pero en aquel momento, cuando lo encontré, aún tenía esa fantasía de que estar delgada me había hecho sentir bien. Todo era una mentira, como posiblemente aún lo sea para algun@s de vosotr@s.

Un besazo enorme,

Sara*

Older Posts »