Es importante pararse y verse. Salir por un momento de tu cuerpo y ver cómo actuas y te desenvuelves, como te relacionas con los demás…
¿Has temido pedirle a una amiga algo que le prestaste hace mucho tiempo? ¿Has guardado tu enfado por no herirla o que te judgue y te has callado las palabras? Siempre tan educada con los demás, siempre tan buena niña-te decían. Pero al fin y al cabo, ¿dónde te quedas tú? ¿Vas a dejar que los demás decidan por ti? Todo se manifiesta en lo bajito que hablas, lo vulnerable que resultas, siempre eres tú la que pides disculpa, no eres capaz de dicir un “no” o siempre das rodeos a lo que realmente quieres decir y repites constantemente el “no tiene importancia” Así, los demás, ¿qué te van a hechar en cara? Evidentemente yo lo exagero para transmitir lo que quiero contar, pero a veces podemos sentirnos identificados con algunos de estos puntos.
Eso se llama pasividad. Al igual que tú sacas ventajas de ello por cómo te ven los demás, también tiene sus puntos negativos. Yo siempre he preferido controlarme y no enfadarme, pero eso no quiere decir no decir las cosas de forma clara y abiertamente. Recuerdo que una vez una amiga se enfadó con nosotras y nos habló muy mal. Al rato de irse, volvió riendo y hizo como que nada había sucedido. Entonces yo comencé a poner mala cara para ver si se daba cuenta lo cual yo veía evidente, y al menos pedía disculpas. Me había molestado su reacción, pero por otro parte yo no se lo decía abiertamente. Tal vez para mi era obvio que teniamos mala cara, pero ¿lo tenía que ser para ella? Estaba esperando a que adivinase lo que yo quería en lugar de decirle que su enfado no me había parecido justo.
Tenemos el estilo contrario, la agresividad. Esta tampoco es la solución, más bien es causa de mucha ansiedad y estrés acumulado. Tenemos que valorar a las personas que nos rodean y convivir con ellas respetando sus opiniones aunque no estemos de acuerdo con ellas. La solución para lograr tus deseos no es haciendo que te teman o gritando para que el otro se sienta atacado. Tenemos que dejar expresarse al otro y no atropellar sus palabras porque nos molesten escucharlas. Hay que ser empático.
Yo, que he tenido un carácter más pasivo he pensado que prefería no pelearme cuando relamente alguien con un carácter agresivo se estaba aprovechando de mí, creyendose dominante e inculcándome que le temiera. Una persona nunca se puede humillar ante otra, si ha cometido un error lo acepta y punto, si cree que no ha hecho nada de lo que se la culpa con tranquilidad explica que ella no es culpable de tal situación… A menudo, estas personas de carácter agresivo se sienten mal y culpables, otras no se paran a ver cómo reaccionan y piensan que los demás están mal, pero ella está bien. En el caso de las personas pasivas deben mirar un poquito por sí mismas. En el caso de las personas agresivas deben mirar un poquito también por los demás. Después, era yo la que me sentía culpable de una situación debido a la manipulación, y no podemos culpar solo al que manipula. Debes responsabilizarte de que tú te dejas manipular.
Había un estilo de comunicación intermedio y sano que yo no conocía: era la asertividad. Cuando somos asertivos luchamos por nuestros fines, pero respetamos las opiniones de los demás e incluso trabajamos mutuamente en encontrar solución a un conflicto. De igual forma, como he dicho antes, no nos dejamos manipular y somos capaces de comunicar nuestras necesidades abiertamente. La persona asertiva se valora a sí misma y de la misma forma, está abierta a reconocer lo bueno y valioso de los demás y a aprender de ello. A su vez es capaz de aceptar las críticas y aceptar sus defectos. Y finalmente aún sabiendo que esté es el modo de comunicación más agradable, amable y sano para todos, es el que menos utilizamos. No obstante, podemos cambiar y encaminarnos poquito a poco hacía él. Después de todo somos humanos y nos equivocamos y a veces, discutimos o accedemos a lo que nos piden, etc.
Por último, os dejo una cosita que no he escrito yo, la he sacado de Internet, pero que quería añadir a esto que os cuento. Todos tenemos:
Derecho a ser tratado con respeto y dignidad. En ocasiones, derecho a ser el primero. Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores. A tener sus propios valores, opiniones y creencias, sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás. Derecho a experimentar y a expresar los propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos. A cambiar de opinión, idea o línea de acción, a protestar cuando se es tratado de una manera injusta, a cambiar lo que no nos es satisfactorio… Derecho a detenerse y pensar antes de actuar, a pedir lo que se quiere y ser independiente. Derecho a superarse, aun superando a los demás, a decidir qué hacer con el propio cuerpo, tiempo y propiedades, a hacer menos de lo que humanamente se es capaz de hacer. Derecho a ignorar los consejos de los demás (pues bien algunos podemos aprovecharlos y los que no creamos convenientes rechazarlos). Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta, a estar solo aun cuando otras personas deseen nuestra compañía, a no justificarse ante los demás, a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros. A no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás. Derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás. A elegir entre responder o no hacerlo, a sentir y expresar el dolor, a hablar sobre un problema con la persona implicada y, en los casos límite en los que los derechos de cada uno no están del todo claros, llegar a un compromiso viable. Derecho a no comportarse de forma socialmente hábil. A hacer cualquier cosa mientras no se violen los derechos de otra persona. Derecho a tener derechos, y finalmente, a renunciar o hacer uso de ellos.