Ayúdame, por favor.

Hoy quiero hablaros sobre mi etapa en el centro, sobre los aspectos más importantes.

En primer lugar, en mi opinión, las personas con anorexia o bulimia que acuden a un psiquiatra en un hospital no obtienen resultados y pienso que es porque no tienen un grupo de autoayuda. El grupo de autoayuda fue la base de mi curación en el centro ABB además de querer salir claro está. Al ser chicas que pasan por lo mismo que tú te sientes comprendidas y a la vez ella saben todos los truquillos que usas para que la enfermedad se salga con la suya. Saben como te sientes y no se asustan por los pensamientos que puedas tener con la comida, el cuerpo, etc. Lo más importantes es contar todo lo que se te pasa por la cabeza porque esta es una forma de no quedártelo dentro. Ellas están ahí cada mañana para que le cuentes como te ha ido el día de ayer y a la vez tú también puedes ayudarlas a ellas independientemente de el tiempo que lleves en tratamiento. Cuesta mucho comprometerse con el grupo y no cumplir lo que te proponías porque sabes que ellas luchan cada día por comerse un plato de comida, por enfrentarse a dar su opinión, por superar un miedo. No se crea nadie que entre a este blog que ella está peor y que no la comprendo, porque aunque yo ahora hablo desde el positivismo y la curación, en su día tan solo unas miguitas de comida, un buche de agua o unas flexiones me tranquilizaban.

El grupo de autoayuda… compartes partes que no dejas salir a la luz con ella y creo que a lo largo del tiempo crean un detector “de estado”, sabes si llegas triste, de mal humor, cerradas, etc.

Recuerdo la primera vez que salí de casa, a la casa de una chica llamada Espe. Hacía poco había sufrido una pérdida importante y todo aquello junto con que solo llevaba tres meses de tratamiento, me removía muchas cosas. Me costaba muchísimo hablar de lo que me dolía y recuerdo que al cabo del fin de semana no le había contado nada. Igualmente me ayudó muchísimo. Primero porque sales a una casa en la que tú no controlas. Tienes que adaptarte a la comida y costumbres de esa familia, ven como actuas en tu casa y te ayudan en lo que no hagas bien porqe ella sabe las formas en la que te miras disimuladamente tal parte del cuerpo, hablas muchísimo sobre tus miedos y os ayudaís mutuamente porque ambas sabeís que es lo que os ayuda, y a la vez, al estar con una chica que lleva más tiempo en el centro y el verla mejor te dice que se puede salir y que puedes volver a hacer vida normal. Además a los padres les da tranquilidad el que sus hijas estén con personas que ya están mejor porque creen que esto las ayudará, lo que es cierto.

Al cabo del tiempo te ves tú en la situación de traer niñas a tu casa e intentar que no opinen, que lo pasen bien para que no piensen en el cuerpo, que salgan a comer fuera (que cuesta), que prueben comidas diferentes (porque muchas niñas manipulan a sus padres y ellos acaban guardando miedo, y oara que la niña no monte la de San Quintín hoy le ponemos lo que más le guste que es en realidad lo que más tranquilidad le da, algo ligerito), que se sientan comprendidas y contestes a sus preguntas, que vean el ámbiente de conversación en la mesa, y además, repito, esa vida de normalidad que es lo que se busca. Y normalidad no quiere decir rigidez porque yo sigo viendome más guapa con una ropa que creo que me hace mejor tipo y yo ahora elijo lo que me apetece comer y voy a una tienda y me pruebo la ropa sin miedo a saber cual es mi talla o soy yo la que propone salir a comer con mis amigas. Hay días mejores y días peores en que prefiero no hablar, pero hay una tranquilidad y un bienestar llenos de salud.

Cuando vas estando mejor es cuando te das cuenta de lo mal que estabas al principio. Porque van entrado chicas que físicamente están realmente mal, y psíquicamente porque a algunas les hablas y ni te escuchan, están en su mundo. Es una imagen realmente impactante, pero también lo sería en su momento verme a mí así. Es difícil ponerse en el lugar de la familia, ni tú llegaras a comprenderles totalmente a ellos(mi madre incluso guarda miedo aún), ni ellos a ti, pero te ves en la obligación de seguir tú vida y dejar esa etapa en el pasado porque has aprendido muchas cosas desde lo duro de la enfermedad y la experiencia que ahora, ni puedes ni te echarías atrás. Hay que vivir sin atormentarse en ello porque ¡Para una vez que se vive…! Aunque a veces si me pregunto en cómo lo vivieron algunas personas de mi alrededor, pero la verdad es que me inunda de felicidad el poder responderles de lo que me sucedía y de cómo he podido salir de ello. Y como dice mi madre, indudablemente ya estamos arraigadas a esta experiencia que nos haceprestar testimonía para ayudar a aquellas personas que lo han pasado tan mal como solo tú sabes. El cuerpo es muy sabio, y el que tanto bulímicas como anoréxicas comieramos lo mismo, unas para bajar de peso y otras para subir, es una prueba de que hay que comer de forma equilibrada y variada. Para que todo el funcionamiento del cuerpo vaya bien, desde la regla a tener energía, desde pensar a disfrutar.

Érase una damisela toda vestida de noche

que caminaba por las calles con una careta,  

en plena ciudad, escondida,

entre nubes de niebla y aire./

 Se detenía en las farolas que formaban

surcos de luz en las aceras,

pero ella no brillaba,

era su velo la luna eterna./

 Un día pues su vestido vio le venía grande,

y al querérselo quitar ya era demasiado tarde,

pues ya no era seda, sino luz cortante,

armadura, de dagas que beben la vida./

 Recuerdo verla caminar entre aquellos árboles,

y pensar:-que triste esos dos amantes,

que se aman y se quieren, pero no combaten,

van muriendo en silencio durante su baile./

 Recuerdo verla caminar entre aquellos árboles,

y pensar:-¿cual es la voz que no escucho y late?

Es beso a mi mejilla, a mi vista, paisaje,

va miriendo poco a poco, corre junto al aire./

 Me he parado en el parque donde el invierno marchita,

no la veo, no la siento, pero su voz no vacila.

Me he parado en el parque y he comenzado a hablar sola,

de los años pasados iban callendo las hojas./

 He notado asir mi mano fría

a una damisela muda y sorda,

y aunque ella no me oía eran nuestros dedos los que

dibujaban vida a la sombra./

 Su armadura se quebraba,

no eran sus labios cárcel, era una alondra./

 Los días iban pasando y se hizo la primavera,

las flores comenzaron a aflorar,

margaritas, damiselas mudas y azucenas./

 Hoy la damisela luce su mejor guante,

esta hecho para ella, la esencia en su mano,

es nota en su pecho, es espejo a sus ojos.

Hoy la princesa canta desnuda.

Este poema lo leí en el alta de Rosa (hace os semanas), una estupendísima amiga con la que he compartido experiencia en el centro ABB. Y trata un poco sobre la enfermedad y la salida. Ayer me hicieron a mí y a mi madre una entrevista que saldrá este jueves en el Diario de Sevilla (por si alguien quiere comprarlo) me hizo reflexionar, así que escribieré más en estos días, mientras aquí os dejo con este poemilla. Besos.

Relato de una vivencia

El tren se deslizaba con su suave traqueteo entre prados verdes. Aquel invierno, mi madre, mi tía y yo nos habiamos escapado a Asturias, la tierra natal de mi abuelo. Era como una llama gélida, fría, pero con esa atracción cálida que nos incita. era fácil imaginarse a mi abuelo allí, en aquel trenecillo, con su traje de chaqueta mirando por la ventanilla en silencio.
Aquel día, cuando paramos en Ujo, mi madre tenía la intención de dedicarse a buscar a la familia de mi abuelo que con suerte permanecería allí o al menos, su casa. Aquel pueblecillo no era apenas unas 100 casas, una iglesia y atrvesándolo las vías y cables del ferrocarril de hierro húmedo. Mi abuelo era ferroviario, uno de los pocos empleos dignos de aquella época en que se vivió la guerra.
Pasé una semana entre pared y escombros con apenas unas migajas de pan para comer-me decía.
No había que pensar, mi madre llamó al portón de madera apolillada de la iglesia y un párroco nos recibió. Mi madre que es muy astuta y amable (y el párroco que fue muy servicial) consiguió que el hombre, que llevaba muchos años allí y reconocía el apellido Alonso de Santocildes nos proporcionase alguna dirección mediante el registro del pueblo. Yo estaba alucinada. Era el aire que se respiraba fresco y húmedo, o tal vez el silencio de aquel paraje resguardado en la naturaleza… estaba en una tierra donde una de las personas a la que más he querido, una de las personas que más me ha enseñado lo que es la vida y cómo afrontarla con una sonrisa, viendo lo que tienes y no lo que te quita, que ha visto irse a su hijo (mi padre) antes que él y eso es muy duro, que lo que ha tenido se lo ha ganado… y ahora yo estaba allí, en sus raíces. 
La infancia es la etapa más importante para una persona. Lo sé porque lo he visto en el rostro de la gente, lo sé porque yo misma he ansiado volver y observar la vida de nuevo desde ese reflejo de halo puro, desde la curiosidad y la inocencia, desde el juego y la ignorancia. En todos influyé muchísimo nuestra infancia y todos en nuestra esencia somos un niño, aquel niño que fuimos. 
Subí por aquellas angostas y altas escaleras y me recibió, a mí, a mi madre y a mi tía una escueta y minúscula mujer. Desgajada por el paso del tiempo. Era Clemente, la esposa del hermano de mi abuelo que ya falleció. Clemente nos habó de otra parte de la familia que vivía en Gijón, de Urbano, su marido, de aquella tranquilidad… Aún la recuerdo con el pelo negro y despeinado, con los ojos claros igual que su bata y aquellas escaleras. Mi tía bajó deprisa y nos sacó una foto con Clemente. 
Cuando volvimos a Sevilla justo el día de fin de año mi abuelo no lo creyó. Ese día lo vimos un poco mal. Mi abuelo era enfermo urinario crónico y los médicos no sabían como podía vivir tanto. Yo lo ato a su carácter tan alegre, pero mi madre dice que es por todo el agua que bebía. 
El 4 de enero mi abuelo murió. Yo estube el día anterior con él. Estaba recuperado, tan alegre, con sus mofletes colorados, ¡estaba como siempre! ¡Pidiendo de comer!. 
Mi madre me lo dijo:-Me cogía de la mano y me decía “Eres mi madrecita”. 
En realidad por dentro la enfermedad urinaria que tenía lo tenía hecho polvo, pero tanto mi madre como yo lo sabemos, mi abuelo murió en paz de que la familia que tanto le quería (mi abuelo vive con nosotros porque mi abuela era esquizofrénica y no cuidaba de su hijo ni de la casa y al poco de yo nacer mis padres se los trajeron a vivir con nosotros) había querido dar con sus raices. Murió porque todas sus cerillas, las que le quedaban, ardieron intensamente de golpe. Creo que eso fue lo más importante para él antes de morir. 
Un hombre con suerte…
Fue duro no escucharle decir:-¡guajina! o que me esperase con su vaso de nueces peladas para mí, a la vuelta del colegio. Pero… el vino a mi vida como un tren de alegría y así se marchó. Cuando recuerdo mi infancia, él está allí, en mi corazón. Hay guardado un sentimiento de amor y ternura para él. Me ha hecho muy feliz, de las personas que más felicidad y fuerza me ha dado. Fue un hombre que luchó toda la vida y, esos son los imprescindibles. No los que luchasn un día, un mes, un año… no, sino los que luchan toda la vida.

Te quiero, te acepto.

Hoy me apetecía hablaros un poquito de mi hermano Gonzalo. Primero quiero que sepaís que es una persona que nunca ha dado una voz, es muy comprensivo, le gustan mucho los videojuegos y es desordenado,lo que a mi madre le disgusta, pero la dos coincidimos en una cosa: sea como sea él es feliz, respeta y le hace la vida agradable a los demás. Comparto muchos gustos con él y pasamos mucho tiempo juntos. Le he sentido cerca en la tristeza, con él me he sentido adulta, me he sentido niña, me he sentido afortunada y querida.

Desde que era pequeña me he dado cuenta de todo y si llegó a pensar que no me di cuenta de su homosexualidad, es que no me conoce. Vereís, me considero una persona abierta y NUNCA he dejado de querer a mi hermano por ello, pero muchas veces decimos aceptar algo y dentro de nosotros no lo asimilamos. Eso nos pasa/pasaba a todas las chicas con anorexia. La gente te dice que estás muy delgada y tú dices que te das cuenta, pero en realidad por dentro no piensas así, piensas que estás gorda. Pues igual me pasaba con mi hermano y recuerdo cuando ya había tratado el tema con las terapeutas como lo conté a todas las chicas en una terapia y aunque me costó, luego me sentí genial, me ayudó a ver como “no pasaba nada”, jaja.

La verdad es que tenía mucho miedo por él, porque se avergonzara de contarlo y también tenía miedo a que no tubiere una pareja estable porque ha tenido muy buenos amigos, pero se han ido marchando y llegando otros nuevos.

Hace poco me di cuenta de algo que fue importante para mí. Angi y Eva vinieron a casa a celebrar el cumpleños de mi hermano y también vino José. José es un amigo que mi hermano veía mucho durante una temporada, él antes vivía en Cadiz y yo acompañaba a mi hermano a verle, ahora vive en Barcelona. Al día siguiente, José tenía que volver y le acompañamos a la estación de Renfe. Recuerdo ver en la mirada de mi hermano resentimiento, tristeza y amor cuando José se alejaba, trás haberse despedido con un abrazo. Acepto que mi hermano sea gay y que salga con el chico que quiera, pero ilusa de mí, mi interior hasta ese momento no vio y acepto que mi hermano también puede sentir (más allá del sexo) amor por un chico. 

Miedo a los cambios

Todos tenemos miedo a los cambios y nos vemos necesitados de un equilibrio que podemos tanto encontrar dentro como de fuera.

Cuando perdemos a un ser querido tememos hechar en falta las cosas que haciamos junto a él, tememos sentir ese hueco vacío. En mí caso, temía que los demás sintiesen y creasen ese sentimiento de dolor. Era algo inevitable y antes de preocuparme por los demás debí preocuparme por mi misma. Recuerdo como cuando era pequeña me metía en medio de las peleas que tenían mi madre y mi hermano.  Cuando murió mi padre, Ale que tiene una personalidad un poco agresiva, no aceptaba que en la casa mandase una mujer. El siempre se ha distanciado, poniendo una barrera de piedra a sus sentimientos para no dejarlos ver y se ha llegado a hacer mucho daño a si mismo. Hoy en día, a veces le da por gritar:-”esta casa es una mierda”. Me molestan mucho esas comparaciones porque no sabe valorar lo que tenemos y los buenos ratos que llegamos a pasar juntos, pero yo también cometo un error. Soy yo la que se siente mal no porque opine igual, sino porque puedan pensar eso de la casa que tanto quiero.Por otro lado mi madre, la que me ha enseñado tantas cosas, también ha podido cometer humanamente algún error. Ella siempre me contaba todo. Yo era “su ángel de la guarda” me decía, y se desahogaba conmigo. Ahora puede que lo siga haciendo, pero si siento que me cargo la freno y otras veces la escucho en silencio porque entinedo ue todos necesitamos una persona que escuche lo que queremos gritar y expulsar fuera de nosotros.

Cuando te enfadas con alguien cercano tememos que esa persona comience a vernos de otra manera y cambie la relación, que nos evite y actue de forma diferente. En mi caso me costaba mucho enfadarme porque se fuesen a enfadar conmigo, pero ahora que he aprendido a defender lo que me importa he descubierto una personalidad fuerte y eso me gusta.

Cuando tu forma de vida cambia hay una parte de ti que se niega y crea una barrera, porque aunque a algunos les guste variar creo que somos personas conservadoras y nos gusta tener cerca lo que nos importa porque pensamos que se puede ir.

Al final, solo hay un pozo que tememos ahondar, la soledad.

Lágrimas bajo el antifaz

Releyendo algunos de mis poemas encontré unos versos libres que escribí poco antes de entrar en el centro. Por aquel entonces mi tía-hermana de mi madre- estaba mal con un cáncer que le habían detectado. Cuando releo estos versos soy incapaz de rememorar si los escribí para mí o para mi tía.

Para que cada día te sientas un poquito más viva,/ con pies planos y fuertes, no adormilados./ Para que tengas sueños bonitos./ Para que suspires y heches los cristales./ Porque en estos versos te lo pido,/ se mi princesa de la boca de fresa./ Para que la luna vea en ti un rayito de sol./ Para no ver caer de tus ojos,/ el agua que necesitan los negritos./ Para que ves sus ojos y su sonrisa./ Para que una flor florezca en un desierto./ Porque, si quieres, puedes ser la mar despierta,/ Que el sol ilumine tus orillas,/ Que las olas guarden tus recuerdos,/ Que los peces te hagan cosquillitas,/ Que la luna tibie tus aguas./ Porque, aquí, puedes volar hacía un oasis./ para conquistar aquellos desiertos,/ batir las alas, seguir despierto./ Tocar la arena. Sentir calor, fuego, frío, hielo./ Alcanzar el mundo entero./ Porque, aquí, puedes borrar lo que te disgusta./ Para ver una sonrisa que rivaliza/ con el propio sentido de la vida./ Porque tus manos tejen un camino/ y tus ojos irradían la seda./ Para unirlo con las brisas y las caricias vecinas./ Para que, cuando veas un hilo oscuro, no salgas corriendo,/ Sino que lo ilumines con solo un beso./ Porque cada palabra evoca calor, del corazón/ Para que guardes lo bueno y no lo malo./ Para que cada pasito sea un comienzo, un principio./ Para que la ternura de mis brazos,/ te los haga llegar la brisa./ Porque tienes una familia que te quiere y se preocupa por ti./ Para que las manchas de guerra sanen/ en vez de quedar camufladas./ Porque si te falta un hilo en tu camino,/ te lo darán del suyo, sin dudar./ Para que relates tus pensamientos en voz alta,/ desahogándote. Te escucho./ Porque tenemos sentimientos y podemos rompernos./ Para hacernos de una madera más fuerte./ Para navegar en un barco de papel hacia el horizonte./ Para llenar el cielo de brillitos (de resplendor)./ Porque, lo más bonito en el mundo, es decir:-te quiero.

A día de hoy mi tía “partió”. Antes de que se fuera yo estaba en la primera fase de mi tratamiento y lo agradezco. Gracias a ello pasé una noche en casa de mis primos en la que “me relajé” y me reí como nunca lo había hecho. Mi tía ya sabía que yo estaba en buenas manos y que iba a salir de esta. A la vez también agradezco que las niñas estuviesen a mi lado en ese momento. Pero a lo que iba, recuerdo que mi madre estaba destrozada. Son cosas como que desde chica cada noche les hacíamos una visita y había algo en falta. Ese día salimos a comer y me quejé, metí la comida por medio. cuando aparentemente estaba mejor. Ahí me di cuenta de como actuaba la enfermedad. Yo estaba dolida y mi madre estaba dolida porque se le había ido su hermana. Al meter la comida por medio lo que pretendía era que me hechase cuenta y evitar su dolor y el mío. Me daba miedo a que sufriese (además por la dependencía que cree con ella desde que murió mi padre. Me daba miedo a que le pasase algo y quería protegerla de peligros que ya me imaginaba yo sola). Y lo mismo nos pasa a todas cuando no queremos sentir lo que hay debajo de esa máscara.

 

Escribe mi madre, Mariló

Desde que Sandra nació  creído que se ha desarrollado en un ámbiente de ilusión, complicidad, familiar, de mucha motivación por tantas cosas que se pueden disfrutar y participar y sobre todo, de consideración a los demás humanos/as en las muchas y diversas circunstanciasque nos presenta la vida.

Esto ejercíamos con dosis de autonomía a los niños y de respeto y responsabilidad, sabiéndonos queridos y queriendo, con mucha ilusión, pero también con preocupación, porque cuando quieres te acompaña la sombra del riesgo a perder lo que quieres, a quienes quieres. Hemos perdido a cuatro seres queridos y entrañables, cada uno a su modo, dos por “ley de vida” como se dice, y otros dos porque la vida les ha sido vedada.

Lo que ya no se podía permitir es perder más y creo que ahí es donde ha estado nuestra valentía, nuestro orgullo, nuestro corage, nuestro no desfallecer, sobre todo el “siempre intentar” de nuevo, sin ceder, sin permitirte decir “somos humanos y…”, sin permitirte debilidad alguna. Sin saber que nos estaba acechando la espada de Damocles en la integridad física y psíquica de mi hija Sandra, quien desde los ocho años de edad se estaba autoayudando y ayudándome a mí, su madre, en la ausencia de su padre, Sandra se derrumbó a principios de 2005 y creo que la muerte de su abuelo paterno, que vivía con nosotros desde que ella era bebé, fue un desencadenante de su anorexia nerviosa.

Siento no haber previsto ni visto la vulnerabilidad en que se hallaría Sandra tras la  muerte de su abuelo. Yo tiré “pa lante” pensando que a la vez tiraba de mi hija, que siempre me acompañaba  y resulta que yo no la estaba sintiendo en su grito desesperado que era la manifestación de la enfermedad. En lugar de esto creí fallidamente que se trataba de otras manifestaciones físicas y psíquicas: crecimiento acelerado, mucha actividad y rebeldía de la edad. Me agarré a que me ayudaran los que querían o creían poder hacerlo. Di con expertos y, sobre todo, di con una hija en la vida, con la valentía, el orgullo y corage de que antes hablé. la familia dimos, y fué difícil, el tirón de ella para ponerle ante sí el nombre de la afección tan frave que padecía y los expertos que pudieran hacerla tomar conciencia de la misma y de la mella que dicha enfermedad podía hacer en su persona física y sobre todo,  psíquica. Fuimos ayudados, sus hermanos y yo, tanto por los expertos como por las familias y los casos. Pero que mi hija haya querido “ser atenta” con ella misma, y que ahondar en lo más profundo de su ser y de sus fragilidades ha permitido que en poco tiempo haya sido dada de alta de anorexia nerviosa restrictiva grave.

Y el caso de mi hija, por fuerza tiene que hacer ver, sobre todo, a los enfermos/as que hay un camino, vallado de dificultades, pero ciertamente salvable y posible, ciertamente posible. He de confesar que lo que a mí más me preocupaba en un principio es que mi hija perdiera aún más la capacidad de pensar y de razonar, porque esta capacidad es necesaria para tomar conciencia de la enfermedad y así, disponerse a salir de ella en el menor tiempo, cuanto antes mejor, como ha ocurrido en el caso de Sandra.

Un día de playa

Hoy día 21 de Julio me encuentro en la playita con mi amiga Ana. Cuando me dieron el alta, recuerdo que mi madre dijo que tenía miedo de que aquellos lugares que frecuentamos en verano me trajesen malos recuerdos. (¡Los miedos de las madresn entre muchos otros, pero ellas nos han ayudado tanto…!) Almudena, mi terapeuta, ^^ le contestó que tenía que llenar con buenos recuerdos los pasados.

¡Qué de cosas estoy haciendo este verano! Antes no era consciente de cómo estaba y me comparaba con las demás chicas. Me iba a nadar para después “permitirme” comer. Sí, ahí como lo dices es duro. Una chica de 13 años que se tenga que “permitir comer”. Uno de los mayores sustos que pasé fue cuando me bañé por largo rato y al salir no dejaba de templar. A pesar de que estube duchándome con agua caliente y envuelta en mantas no dejaba de tiritar. Creo que comparto experiencía con algunas de mis compañeras, que le sucedió lo mismo.

Por eso, aunque el verano pasado ya no fue malo, este es mío. Es mí verano, el que estoy disfrutando como una niña ahora. Ir a la playa, salir a comer, salir por la noche… ya no son obstáculos en mi camino que coloque yo misma. Estoy segura de que a muchas chicas les sucederá igual que a mí. (Me pueden escribir si quieren).

Este verano también es importante porque estoy con mis amigas. A lo largo del camino he dejado a gente.  Personas con las que ya no contacto, pero recordad que todo está en una misma. Una de esas personas especiales es un amigo ruso de la infancía. Recuerdo un día al volver del centro… Lo ví. Allí, delante mía, aunos metros, y me dije:-Sandra, si no es ahora, ¿cuándo?, si no es aquí, ¿dónde? y si no eres tú ¿quién?. Si quieres conseguir algo siempre está en tus manos. Si quieres curarte siempre está en tus manos. No hay nada extraordinario que me haya ayudado a salir de la anorexia. Tan solo han sido (que no es poco) las ganas de recuperar la felicidad que me estaba robando. Las ganas de disfrutar tranquila y volver a elegir mi dirección. Las ganas de seguir adelante que muchas veces no es tan fácil conservar.

siempre me ha tirado hacia adelante “las pequeñas cosas”. Muchas gracias:-Sara, Almudena-terapeutas-, Rosita, Paloma, Cris, Espe…-Vosotras sois de las que más me han acompañado en el camino.

 

¡No te disfraces para mí!

¿No os ha pasado alguna vez que habeís cedido a lo que quieren los demás para que no se enfaden contigo, para que te aprueben y acepten sin criticarte?

Pero cuando te das cuenta de que es un triste disfraz… pobre de ti.  Es difícil, pero si te quitas la máscara, los pelos que te tapan la cara y los ojos, la armadura que no te deja ver la luz y que no deja ver tu verdadero rostro… es entonces cuando dirás:-Ahora sí, esta soy yo, ven conmigo, mírame, tócame, escúchame…

En ese momento muchas más personas te rechazaran, muchas menos te querrán, es cierto, pero cuando te encuentro a ti, a ti que me aceptas tal como soy… ¡Qué placer! ¿Te imaginas?

¡No te disfraces para mí! ¡Lo que yo verdaderamente deseo es estar contigo!

No te escondas, así te valorarás realmente, porque la gente a la que le gustas te quiere realmente por lo que eres. Y así te pones ancho (como mí abuelo cuando le elogio ^^).

Sabeís, sino fuese por esta sociedad (que se lo toma todo con mal sentido) ya le habría dicho yo a varias pesonas que me gustan. He conocido a muchas personas que me gustan, me gustan como son, me gustan mucho como personas. No, no las amo, me gustan.  

Hoy me siento libre, besos.  **Sandra**    (foto:mis amigas que me aceptan :P)

Corazón ceniciento

Fue cuando empecé a estar mal que comencé a escribir lo que sentía. La verdad es que estos poemas estaban escondidos en el baúl olvidado. Cuando me ofrecieron la oportunidad de hacer un blog en esta página web, respondí:-La verdad es que tengo muchas cosas escritas de cuando estaba mal que nunca he enseñado.

Las garras que desgarran mis suaves y tibias mejillas/ la furiosa tormenta que acaricia mi pelo./ Son frutos del poderoso vacío que me muerde,/ de la noche más oscura y fría de las noches.

La paz se mela llevan los lánguidos suspiros,/ y a la mente, se me viene el pensamiento/de una inocente niña riendo…/ Eso, es lo que más me mata. Me desgarra el alma ese recuerdo.

El cansancio nubla la mirada/tornándose de un azul mar,… ciegamente eterno./ El descontrol de lo amargo, siento/ salido de cual más húmeda prisión hubiere.

Duermo, descanso y en mis sueños el guardián/ arremete contra los bellos continentes amurallados del mundo./ Ira, dolor, fuerza, rabia/ encadenan sus fuertes y furiosos brazos.

Quiero romper estas frías cadenas,/ desplegar las blancas alas del futuro incierto,/ manchar los cortantes velos que me envuelven/ para que, lejana la luna, los atraiga a su pecho.

Flor marchita de la embriagadora calidez/ de un impalpable corazón encogido. Solo./ Para que al mecerlo con esta dévil luz/ me devuelva esa tierna sonrisa que anhelo desde hace ya muchos años.

Roba mi rostro, pintándome una careta./ Y las estrellas ignoran a este enano payaso/ al que el sol ha robado el poco color vivo que le quedaba/ dejándolo inmóvil en el cruel suelo oxidado de divas inertes.

La verdad es que, al final de los oscuros escalones (como dicen las niñas) solo puedes encontrar un espejo en el que se refleja el problema de dentro y tú en tu totalidad. Eso es lo que duele o no aceptamos. La realidad es que lo único que podían guardar aquellas lágrimas que derramaba cada día era una espina de rosa negra. Tan traicionera la belleza de una rosa que cuando la aprietas entre tus manos corren arroyos de sangre.

Es que las personas tenemos un fallo que corregir, desde mi punto de vista. Desde pequeños nos enseñan a no llorar y a evitar el dolor. El dolor es algo “malo”, entonces cuando yo me encuentro con algo que me duele lo evito o lo anulo. ¡No debería ser así! Cuando algo te duele saca fuerzas y no huyas. Si nos duele es porque es importante para nosotros y si necesito llorar no está mal de vez en cuando, pero déjate estar, déjate sentirlo.

Al reescribir este poema me duele. Me duelen esos sentimientos y me parecen feos, pero también me doy cuenta que he aceptado muchas cosas, que me he enfrentado a mis miedos con la ayuda de algunas personas, y me doy cuenta también, que algunas situaciones me han hecho crecer y eso me satisface.      

      

Older Posts »