Detalles de la vida

Hoy, en el autobús, un hombre atabiado con ropas pobres y con una sonrisa destartalada, tocaba su acordeón. La gente le miraba como a un loco perturbado, pero yo le sonreía. Toda su música recorría el autobús. Me encanta que haya gente así, que no sienta vergüenza y que nos de un cachito de viveza. A ese hombre realmente le gustaba su música.

Me miraba a los ojos, porque yo le miraba tocar y disfrutar, y le hacía ver lo mucho que me agradaba su música. Los demás pasajeros giraban la cabeza a un lado reprimiendo risillas y obsecados en ese demencia inventada por ellos cuando más que creer que aquel hombre era un loco parecían querer buscar una escusa y motivo de juego para juzgarle.

Pero nunca se dio por aludido y continuo tocando su música, reparando en mí, que no podía dejar de sonreirle, y dedicándome unas palabras y algunos pinitos con su acordeón. Era ucraniano y en su país tocaba su música en un programa de televisión. Aquí no tiene esa oportunidad, pero da clases en un conservatorio y toca en la calle (el objeto de este último no se si se debe a su estrechez económica o por puro placer). Vive en un piso de un barrio de inmigrantes, y se ve que no tiene mucho dinero, pero si algo me ha quedado claro hoy es que ese era un hombre enamorado de su música.

Yo también he desafiado esa ley que prohíbe ser libre o comportarse de forma diferente. He cantado letrillas inventadas en francés mientras iba de vuelta a casa en el autobús. Y os reiréis quizás de tal cosa. Incluso a mí al escribirlo me hace gracia. Pero nunca me han importado los rostros excéntricos y simpre me ha agrado encontrar algunas miradas placenteras y disimuladamente curiosas. El truco está en que reparen en ti y vean que hay espíritus libres en este mundo que ha veces puede llegar a parecer un teatro chino de marionetas, títeres y sombras. Aunque he de aceptar, que cada vez, conozco a más y más gente que merece la pena, pero este hombre, que viene de un país lejano, y que ha vivido una vida, la que le ha tocado vivir, hoy ha tenido un detalle conmigo, me ha dirigido unas palabras, ha habido un contacto entre dos vidas diferentes y, lo más importante, me ha regalado y me ha calentado con su música en medio de este invierno helado. Gracias.

Poesía a la vida

I

Siento una leve angustia,

constante.

A cada paso,

van pereciendo las cosas

que me rodean.

Yo las siento

apagarse en cada

segundo,

como yo me apago

y muero retornando

y retorno muriendo.

Experimento

una pequeña

felicidad;

vivir cada

instante

en todo aquello

que vive conmigo.

II

¿Cuánto durará

mi recuerdo en tu materia?

Un segundo quizá,

para luego

morir.

Tú,

hombre bueno

tú,

mortal vicioso,

vives en

y soy yo,

quien te consume

y recobra

en cada soplo.

Tú que retornas

a tentar

la fuente

y bebes

de mí

sin privilegio ni prohibición. 14-5-09

La ciudad de los pozos. Jorge Bucay.

Esta ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esta ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes …pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no solo por el lugar en el que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior). Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra. La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado. Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido. Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaban de cosas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más optaron por el arte y fueron llenándose de pinturas , pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales así que , si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior… Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No paso mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían hinchándose de tal manera , pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad… Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenia dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido… Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego , cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo. Se vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho…

Un día , sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: adentro, muy adentro , y muy en el fondo encontró agua!!!. Nunca antes otro pozo había encontrado agua… El pozo supero la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último sacando agua hacia fuera. La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto , en tréboles, en flores, y en troquitos endebles que se volvieron árboles después… La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro. -Ningún milagro- contestaba el Vergel- hay que buscar en el interior, hacia lo profundo… Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas…

En la otra punta de la ciudad, otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío… Y también empezó a profundizar… Y también llegó al agua… Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…

-¿Qué harás cuando se termine el agua?- le preguntaban. -No sé lo que pasará- contestaba- Pero, por ahora, cuánto más agua saco , más agua hay. Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma…Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida. No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente , como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto: La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el coraje de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…

Playas del pasado

En esta playa los tranvías transitan a temporadas. Por la arena las huellas de los tranvías se van borrando. Los tranvías desaparecen a lo lejos y el mar no deja de inundar la playa del ruido del oleaje y de conchas la orilla.

Es una playa solitaria y muy, muy larga. No tiene fin.

El cielo es rosado y el sol de un anaranjado cálido. El sol siempre está en el mismo lugar, las olas cubren la misma porción de playa y, siempre coexiste en el cielo el rosado y malva de la puesta (inmutable). Yo, camino, y mis pasos desaparecen. Siento nostalgia y dolor en el pecho. Que soledad y que tranquilidad más horrible la de este lugar…

He intentado subir a los trenes que recorren la playa, pero nunca se detienen. Si les alcanzas se hacen invisible. Los pasajeros permanecen inmutables, su expresión no dice nada, no hablan, no se miran, no saludan. A veces, creo que no están allí o se quedaron dormidos en un sueño en el que se les olvidó cerrar los párpados.

Miro las olas y deseo morir, cambiar, que venga una gran ola y lo inunde todo.

Un día, camino y, siento que alguien toma mi mano. No hay nadie… ¡No! Quiero decir, ¡lo hay! pero nadie la ve más que yo… No está, pero yo siento su mano y la explosión que ello me causa, más hermosa que el paraíso. Me crispo, me recorre un escalofrío por el brazo. La primera sensación desde hacía mucho tiempo. Se esfuma, ¡no, no quiero! Cierro los ojos con fuerza y lo retengo. El tiempo pasa. No sé cuanto. Horas, tal vez meses, tal vez años. Camino junto a esa persona.

Lloro y las lágrimas desaparecen al llegar a la arena.

Vuelvo a vivir.

Me quiero, me acepto… me gustan mis imperfecciones. Sí, tal vez hay partes de mi cuerpo que me disgustan, pero me caracterizan, no las cambiaría porque eso me haría infeliz, porque me haría obsecarme con esas zonas, porque me haría querer ser algo que no soy…

Todo en mí es así por algo, mis brazos que quieren abarcarlo todo, mis manos que me permiten pintar, que han rozado manos de mujeres que lloraban por los errores cometidos, que se culpaban, que han tocado el suave tacto de las manos de los niños de vida cruel, o las manos porosas de los ancianos, que han apretado, compadecido, acariciado, comprendido… han palpado las manos de un viejo solitario, las lágrimas de un joven que creyó tenerlo todo…

Mis ojos, marrones, ¿normales? No, es el color del fuego y la tierra, son parte de mi.

Mis caderas, un poquito más un poquito menos… da lo mismo, son parte de mi. Con ellas bailo, juego, me divierto, me siento femenina… Mis piernas que me sostiene, mi vientre cálido… Mi pecho… ¿poco? Se ensancha cuando respiro y se abstrae cuando me asfixio, mi corazón latiendo en mi pecho,… Mi cara, mis mejillas redondas y fresadas, otra cosa que me caracteriza, mis mofletes, y ¿sabeís que? A la gente le gustan y no hay muchas personas que tengan una carita parecida a la mía, y aunque la tuvieran la mía es diferente, ¿por qué debería pretender cambiarla?

A veces, hay que mimarse y dejar de atacarse a una misma. Hay una cosa que se dice en los libros de psicología femenina. Normalmente estoy en contra de generalizar en grupos, quiero decir:- los hombres son todos tal o las mujeres son todas cual. Pero es cierto que las mujeres se suelen comparar mucho las unas con las otras (olé la que se sienta agusto con una misma y no lo haga porque lo vea indiferente). Pero es que es tan sencillo como que nunca vas a disfrutar de ti misma si lo que haces es sacarte defectos y compararte con los demás. No me canso de repetirlo y seguro que todas/os vosotros estaís hartos de escucharlo, pero si todos fuesemos iguales sería todo tan aburrido…

Me quiero, me acepto, me cuido, me mimo, me doy caprichitos porque para eso vivo una vez. No voy a dejar de disfrutar por pretender cambiarme. No voy a dejar de amar, de disfrutar con mis amistades, de disfrutar de una comida, de disfrutar con mis manías, de reirme de mí misma por pretender cambiarme. Yo soy yo, nunca lo he tenido tan claro, y es de esta seguridad que me proporciono yo misma lo que me hace sentir un día u otro más guapa, con más fuerza, más atrevida. Yo soy yo y tú eres tú. Yo tengo virtudes que tal vez tú no tengas y defectos que tal vez tú no tengas, pero mutuamente damos el uno del otro. A mí me gustan zonas de mi cuerpo que a ti tal vez no te gustan mucho del tuyo, pero dejando a parte cómo somos físicamente, hay días en los que yo me siento guapa y tú no o días en los que te veo más guapa que nunca y me alegro por ti aunque yo ese día no me vea muy favorecida. ´Como podeís ver lo que digo no es nada del otro mundo y creo que lo que he dicho es algo que tú ya has pensado en otros momentos, pero es que hay cosas en las que no hay que pensar más de la cuenta. ¿Qué hago si es así de sencillo? A veces, hay que pararse a pensar en ello, y tal vez, al leerlo te des cuenta de que hoy te quieres un poquito más.

Es importante pararse y verse. Salir por un momento de tu cuerpo y ver cómo actuas y te desenvuelves, como te relacionas con los demás…

¿Has temido pedirle a una amiga algo que le prestaste hace mucho tiempo? ¿Has guardado tu enfado por no herirla o que te judgue y te has callado las palabras? Siempre tan educada con los demás, siempre tan buena niña-te decían. Pero al fin y al cabo, ¿dónde te quedas tú? ¿Vas a dejar que los demás decidan por ti? Todo se manifiesta en lo bajito que hablas, lo vulnerable que resultas, siempre eres tú la que pides disculpa, no eres capaz de dicir un “no” o siempre das rodeos a lo que realmente quieres decir y repites constantemente el “no tiene importancia” Así, los demás, ¿qué te van a hechar en cara? Evidentemente yo lo exagero para transmitir lo que quiero contar, pero a veces podemos sentirnos identificados con algunos de estos puntos.

Eso se llama pasividad. Al igual que tú sacas ventajas de ello por cómo te ven los demás, también tiene sus puntos negativos. Yo siempre he preferido controlarme y no enfadarme, pero eso no quiere decir no decir las cosas de forma clara y abiertamente. Recuerdo que una vez una amiga se enfadó con nosotras y nos habló muy mal. Al rato de irse, volvió riendo y hizo como que nada había sucedido. Entonces yo comencé a poner mala cara para ver si se daba cuenta lo cual yo veía evidente, y al menos pedía disculpas. Me había molestado su reacción, pero por otro parte yo no se lo decía abiertamente. Tal vez para mi era obvio que teniamos mala cara, pero ¿lo tenía que ser para ella? Estaba esperando a que adivinase lo que yo quería en lugar de decirle que su enfado no me había parecido justo.

Tenemos el estilo contrario, la agresividad. Esta tampoco es la solución, más bien es causa de mucha ansiedad y estrés acumulado. Tenemos que valorar a las personas que nos rodean y convivir con ellas respetando sus opiniones aunque no estemos de acuerdo con ellas. La solución para lograr tus deseos no es haciendo que te teman o gritando para que el otro se sienta atacado. Tenemos que dejar expresarse al otro y no atropellar sus palabras porque nos molesten escucharlas. Hay que ser empático.

Yo, que he tenido un carácter más pasivo he pensado que prefería no pelearme cuando relamente alguien con un carácter agresivo se estaba aprovechando de mí, creyendose dominante e inculcándome que le temiera. Una persona nunca se puede humillar ante otra, si ha cometido un error lo acepta y punto, si cree que no ha hecho nada de lo que se la culpa con tranquilidad explica que ella no es culpable de tal situación… A menudo, estas personas de carácter agresivo se sienten mal y culpables, otras no se paran a ver cómo reaccionan y piensan que los demás están mal, pero ella está bien. En el caso de las personas pasivas deben mirar un poquito por sí mismas. En el caso de las personas agresivas deben mirar un poquito también por los demás. Después, era yo la que me sentía culpable de una situación debido a la manipulación, y no podemos culpar solo al que manipula. Debes responsabilizarte de que tú te dejas manipular.

Había  un estilo de comunicación intermedio y sano que yo no conocía: era la asertividad. Cuando somos asertivos luchamos por nuestros fines, pero respetamos las opiniones de los demás e incluso trabajamos mutuamente en encontrar solución a un conflicto. De igual forma, como he dicho antes, no nos dejamos manipular y somos capaces de comunicar nuestras necesidades abiertamente. La persona asertiva se valora a sí misma y de la misma forma, está abierta a reconocer lo bueno y valioso de los demás y a aprender de ello. A su vez es capaz de aceptar las críticas y aceptar sus defectos. Y finalmente aún sabiendo que esté es el modo de comunicación más agradable, amable y sano para todos, es el que menos utilizamos. No obstante, podemos cambiar y encaminarnos poquito a poco hacía él. Después de todo somos humanos y nos equivocamos y a veces, discutimos o accedemos a lo que nos piden, etc.

Por último, os dejo una cosita que no he escrito yo, la he sacado de Internet, pero que quería añadir a esto que os cuento.             Todos tenemos:

Derecho a ser tratado con respeto y dignidad. En ocasiones, derecho a ser el primero. Derecho a equivocarse y a hacerse responsable de sus propios errores. A tener sus propios valores, opiniones y creencias, sus propias necesidades y que éstas sean tan importantes como las de los demás. Derecho a experimentar y a expresar los propios sentimientos y emociones, haciéndonos responsables de ellos. A cambiar de opinión, idea o línea de acción, a protestar cuando se es tratado de una manera injusta, a cambiar lo que no nos es satisfactorio… Derecho a detenerse y pensar antes de actuar, a pedir lo que se quiere y ser independiente. Derecho a superarse, aun superando a los demás, a decidir qué hacer con el propio cuerpo, tiempo y propiedades, a hacer menos de lo que humanamente se es capaz de hacer. Derecho a ignorar los consejos de los demás (pues bien algunos podemos aprovecharlos y los que no creamos convenientes rechazarlos). Derecho a rechazar peticiones sin sentirse culpable o egoísta, a estar solo aun cuando otras personas deseen nuestra compañía, a no justificarse ante los demás, a decidir si uno quiere o no responsabilizarse de los problemas de otros. A no anticiparse a las necesidades y deseos de los demás. Derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás. A elegir entre responder o no hacerlo, a sentir y expresar el dolor, a hablar sobre un problema con la persona implicada y, en los casos límite en los que los derechos de cada uno no están del todo claros, llegar a un compromiso viable. Derecho a no comportarse de forma socialmente hábil. A hacer cualquier cosa mientras no se violen los derechos de otra persona. Derecho a tener derechos, y finalmente, a renunciar o hacer uso de ellos.

Cuento del picapedrero

En una ocasión, un picapedrero trabajaba en la dura pared de una cantera, picando y picando aquella resistente superficie. El sonido del mazo y del cincel resonaba constantemente en sus oídos: ¡bang, bang, bang!

Su trabajo era lento y arduo. En verano, el calor del sol se reflejaba en las rocas, convirtiendo su lugar de trabajo en un auténtico horno. En invierno no había posibilidad de refugiarse de la lluvia o del frío, y la cantera era un verdadero glaciar. Mientras picaba la piedra, continuamente imaginaba una vida mejor, anhelando poder cambiar sus circunstancias. Fantaseaba con que se encontraba en lugares de ensueño, pero sabía que sus fantasías nunca se harían realidad, o al menos eso suponía. Una noche, ya tarde, cuando volvía a casa arrastrándose por el cansancio, pasó junto a una espléndida mansión de un noble. Mirando hacia el interior vio las ricas ropas del acaudalado hombre, la belleza de su mujer, la abundancia de manjares en su mesa, y pensó para sí:- si pudiera ser un noble, sería rico y poderoso. Podría evitar todos los problemas e incomodidades de la vida del picapedrero. ¡Cómo desearía ser un noble!

El picapedrero se quedó asustado y sorprendido, ya que inmediatamente después de haber formulado su deseo se encontró sentado en la cabecera de aquella ansiada mesa. Se había convertido en el hombre noble que había estado observando: vestido de forma rica, con una hermosa mujer a su lado y con toda la comida que podía imaginar sobre la mesa. Disfrutaba de su nueva vida, de prosperidad y poder. Podía dar órdenes a sus sirvientes, a sus empleados y a su esposa. Se sentía complacido con su autoridad y alardeaba con altivez de cuanto poseía; sin embargo, las cosas cambiarían. Cierto día el rey acudió a visitar la ciudad del cierto noble. Debido al estatus que tenía estaba obligado a formar parte de la guardia de honor. Tenía que mostrar sumisión a su rey. En el momento de realizar la reverencia al monarca, de nuevo emepezó a ansiar algo más. Y pensó para sí:-el rey tiene más imfluencia y poder que un noble. ¡Desearía ser un rey! En el mismo momento que ese deseo pasó por su cabeza se vió subido encima del caballo del rey, vestido con los atuendos regios y flanqueado por las tropas reales. Por todo el itinerario que recorría había vasallos que se postraban ante su presencia, incluyendo el noble hombre que hasta ese momento él había sido. De regreso a su palacio, se sentó en el elevado y autocrático trono, mientras los miembros de la corte se entaban ante él, mostrándole reverencia y ofreciéndole presentes. Esto era vida. Ser gobernante era magnífico. Estaba seguro de que disfrutaría de este estilo de vida. Indudablemente era mejor que ser un picapedrero. Alardeó al máximo de su posición. Viajó a los lugares más lejanos de sus dominios. Amaba el poder que obligaba a todo el mundo (campesionos, clérigos, eruditos y nobles) a postrarse frente a él. En uno de sus viajes de verano, un intenso e implacable sol dejó exhausto al rey. Sus regias vestiduras lo sofocaban. Su real persona sudaba incesantemente. Era algo que no podía controlar, y tuvo que abandonar su majestuoso porte en busca de una sombra. Allí, resguardado en la sombra, de nuevo aparecioron sus envidiosos deseos. “El sol”, caviló, “tiene un gran poder”. Es incluso más poderoso que el rey. -Desearía ser el sol.

La magia que en otras ocasiones lo había transformado volvió a manifestarse. Se encontró a sí mismo brillando en el cielo, esparciendo su luz en el mundo, iluminando a reyes y emperadores, quemando a bañistas y provocándoles cáncer. Podía forzar a la gente a que buscara refugio para resguardarse del calor que emitía, o a que por la tarde hicieran la siesta aún a regañadientes. Esto era lo más grande. Estaba saboreando el poder… hasta que un día una nube apareció en el cielo y obstaculizó su luz. Al principio se sintió molesto, pero a continuación comenzó a pensar:- la nube es lo suficientemente fuerte para detener el calor y la luz del sol. Por lo tanto, la nube es más poderosa que el sol. Desearía ser una nube.- Al momento, se volvió a transformar. Flotaba en lo alto del cielo, convertido en una alta y gruesa nube. Podía provocar la lluvia sobre los terrícolas y obligarlos a correr para resguardarse o para conseguir un paraguas. Podía impedir que el calor del sol llegara a su destino y crear así un ambiente frío. Tenía el poder para que los ríos se salieran de sus cauces y que las presas se desbordaran. Podía causar inundaciones que arrasaran los hogares de las personas y aruinaran sus vidas. Sí, definitivamente la nube tenía poder. Ésta era la forma como siempre había deseado que fuera la vida… hasta que un día un viento repentino sopló en el cielo, arrastrando consigo a la nube. Era menos poderosa que el viento. Frente a él la nube no tenía fuerza y carecía de rumbo. “El viento”, pensó la nube, “ahí es donde radica el poder”. El viento es más poderoso que la nube. Desearía ser el viento. En otro acto de tranformación mágica, la nube instantaneamente se convirtió en viento. Soplando sobre los árboles, corriendo sobre el llano, arrojando tierra sobre los campos, girando los paraguas del revés, arrancando los tejados de las casas y deshaciendo pajares, el picapedrero disfrutaba convertido en viento. “Esto es vida”, penso, “El viento tiene un poder ilimitado.” Sopló ferozmente sobre todo el globo terráqueo, agitó los mares, hundió los barcos, provocó inmensas olas que asolaban las pequeñas islas. Nunca había disfrutado tanto… hasta que un día uno de los soplidos quedó detenido. Frente a él se alzaba un alto acantilado que permanecía inamovible. Lo volvió a intentar de nuevo, pero fue incapaz de doblegar o de mover el poderoso acantilado. “El acantilado”, pensó el viento, “puede detener mis soplidos más virulentos. Obviamente, es más poderoso que el viento. Desearía convertirme en acantilado”. Instantáneamente quedó convertido en acantilado. Alto y fuerte, podía hacer frente a los peores huracanes que el viento podía causar. La gente acudía a admirar su grandeza y a alabar su belleza natural. Merendaban a sus pies o trataban de medir sus fuerzas escalando sus vertientes. Su presencia dominaba todo el entorno. “¡Sí! ¡Esto es…!”, pensó. “Por fin lo he encontrado. Finalmente soy poderoso. Soy un acantilado.”

Estaba regodeándose en ese pensamiento cuando de repente, a sus pies, oyó un sordo “bang, bang, bang…”

Ser madre

Ser madre… que sorprendente es poder tener a un niño en tu vientre y poder darle la oportunidad de vivir al igual que a ti te la han dado. Dar la vida a… un ser que podrá ver, oir, experimentar sensaciones, dar cariño, tener sueños, forjar su propio carácter. Aunque que quede claro que también es bonito el adoptar a una personita.

Pero hoy quiero hablaros del ser madre porque cuando tienes anorexia lo primero que te sucede es que la regla no te viene porque el cuerpo- que es tan sabio, famosa frase que dicen a menudo las madres, al menos la mía, jaja- siempre sabe lo que necesita en cada momento y cuando no tiene los nutrientes necesarios para tener la regla prescinde de ello porque evidentemente ese cuerpo no está preprado para ser madre. Yo, no era consciente de este echo, cuando fui estando mejor me di cuenta. Tengo tan solo 15 años y no puedo ponerme a pensar aún en si voy a ser madre o no, pero hay preguntas que una se hace de antemano, y en un futuro si me gustaría serlo y vivir esa experiencia. Ser madre es algo que te arrebata la enfermedad y hay ocasiones en que las chicas que se recuperan no vuelven a tener la regla. No imagino lo que debe de ser saber que no puedes tener un hijo, y lo bonito que sería ver la mezcla que fluctua en el bebé fruto de las dos personas que lo conciben. ¿Tendrá los ojos de la madre o quizás del padre? ¿Y el pelo de que color será? ¿Y sus labios serán anchos o escuetos, serán rosados u oscuros?

Nunca he vivido esa sensación, pero sentir que hay algo vivo dentro de ti en el sentido literal, sentir que no hay un solo corazón latiendo dentro de ti, sino que hay otro que golpea más lentamente, sentir un amor desmesurado, un calor, y una protección… Todo ello me hace pensar en que me alegro de no haber perdido esa oportunidad… y sería triste pensar en una madre que no está capacitada para alimentar a su bebé. Creo que esto le produciría una sensación de arrepentimiento tremenda.

Las madres son personas muy importantes en nuestra infancia. También quiero decir que estoy totalmente a favor de los matrimonios homosexuales. Muchas personas ven un error no proporcionarle a un niño las dos figuras: materna y paterna. Pero da lo mismo al fin de que ese niño se sienta querido y muchas de estas personas adoptan niños que necesitan de un hogar. ¿Qué culpa tienen ellos de elegir a quien quieren por pareja? Pero, retomando el hilo de la conversación, estas figuras son muy importantes para nosotros. Nos sentimos ávidos de sus mimos, de su ternura y cariño. Mi madre es una persona que se esfuerza mucho en la casa para que esté presentable, no quiere que nos falte de nada, es una luchadora. Es profesora y disfruta mucho enseñándole a los niños, es muy atenta con ellos y realmente aprenden mucho con ella. A veces llega cansada porque no todos los niños vienen de familias con unos valores, pero ella igualmente hace que aprendan. Recuerdo sentarme de chica a leerle cuentos en la cocina mientras ella hacía la comida o fregaba. Recuerdo cómo me enseñó a montar en bici por el paseo marítimo de la playa. Recuerdo cuanto sufrió con la etapa de la adolescencia de mi hermano Alejandro y con mi enfermedad. E incluso a veces le reprocho que de buena que es, es tonta. De lo que creo que he heredado algo de ello.

Ser madre… ser madre…

 

Sociedad enferma

Meditando sobre la sociedad una se llega a preguntar por qué después de todo lo que hemos avanzado en aceptación, igualdad, ect. hay tantos casos de gente enferma de mente. No es solo culpa de los bombardeos de publicidad (modelos, productos dietéticos, compra esto y sé más feliz,…), ni solo de las noticias, que hay que mencionar que da pena verlas porque solo muestran una cara del mundo plagada de asesinatos, de accidentes de tráfico, de violaciones, de familiares que se han vuelto locos y han acabado asesinando a su familia. Sí, verdad que suena horrible y apabullador decirlo. ¡Con todas las noticias buenas que hay! Los avances, los congresos, las ferias culturales, los documentales, etc.

De igual forma no podemos echarle la culpa a la televisión, tenemos que ir a la infancia de las personas. Porque si hoy en día, hay tantos casos de trauma como en épocas de guerra es porque aunque ya los niños no viven inseguros, muchos viven SUPERPROTEGIDOS. Y protegidos a si a su vez por objetos materiales que llenan nuestras vidas y nos impiden profundizar en nosotros mismos. A estos niños nunca se les ha enseñado que es el dolor y se han sentido vacíos. No saben cómo enfrentarse al dolor. Tampoco se les puede hechar la culpa a los padres porque ellos te enseñan lo mejor que pueden. Desde los fallos que han sufrido en la vida para transmitirte sus enseñanzas como los principios morales. De igual modo no quieren que te falte de nada. Lo que más me ha sido de ayuda que me lo ha enseñado mi madre y mi entorno familiar es el ser muy rico por dentro. Porque aunque una familia sea de clase media o no tenga mucho dinero (que a nosotros no nos falta) lo más importante es sentirse rico por dentro y poder dar de ti y que los demás puedan disfrutar de ti. Yo… tengo más de lo que necesito, y siento un poco de pena de la gente que intenta llenar sus espacios vacíos con objetos materiales porque estamos en una sociedad consumista.

Es una cosa muy curiosa lo que me sucedió hace poco. Cuando estaba vendiendo mantecados y bombones para el viaje de fin de curso. Me voy a Amsterdam, Bruselas, Brujas y Dalton. ¿Verdad qué es estupendo? Pues en algunas de las casas en que he llamado decían:-No quiero bombones, es que yo estoy sola -o- en navidad estoy sola. Y de verdad que me entraban ganas de decirle:- Pues dese una alegría, que eso no significa que no pueda disfrutar, o salga por ahí y evádase. Compre unos bombones y disfrútelos.    Una siempre intenta mejorar sus errores y yo ahora intento frenarme menos porque a veces me pasá que no dejo salir impulsos que me vienen y que me da mucha pena frenar, porque son reacciones bonitas que después me arrepiento de haber encerrado. En fin, soy muy joven y aún tengo mucho que aprender.

También quería comentaros algo curioso que me sucedió el otro día. Llegó al buzón un panfleto de publicidad de un centro de desintoxicación para drogadictos y cuando lo leí me dí cuenta de que los métodos que usaban y las carencias que los afectados sufrían eran realmente parecidas a los de la anorexia/bulimia. Desde crear un buen ambiente familiar, a hablar de tus preocupaciones, a poner un control, al síntoma en lugar del cuerpo y la comida la droga, al uso de la droga para salir de la realidad y creo que hasta distorsión de tu imagen, de cómo te ven, etc. No sé, me sorprendió un poco. No quiero decir que compareís ni que sea lo mismo, solo que me sorprendió.

En cualquier caso mi idea con este post, era hablar un poco de la sociedad y concienciarnos de lo que nos manipulan para que no pensemos, y que nos demos cuenta como condicionamos nuestra imagen, porque ya las personas no somos ni naturales. Nos etiquetamos-que poca personalidad-, o somos pijos, o emos, o canis,o…,¡pero qué conchiles, yo soy yo y nadie más!. Nos limitamos a posar en una foto, a quedarnos inmóviles ante la cámara con la sonrisa que dice:- si no me haces la foto ya, me empezarán a temblar las mejillas del esfuerzo. Posar para hacer ver que hemos sido felices. Posar de forma atractiva para que los demás se interesen por ti. Posar y posar, y revelar miles de fotos de estatuas rígidas y aparentes…y artificiales…..

Lazos equívocos

Hoy quiero hablaros de la primordial convivencia con la familia.

Todo me ha venido de repente. Mi hermano le ha preguntado a mi madre si le dejaba su coche para ir a recoger a su novia y mi madre le ha contestado que no, que ella quería ir a ver a mis abuelos. Cuando se ha ido mi hermano Alejandro mi madre ha comenzado su discurso:-Has visto cómo se aprovecha, él tiene que aprender que…- Y a comenzado mi irritación. En primer lugar he trabajado muy duro el no cargarme las cosas de los demás a la espalda. La relación que he tenido con mi madre durante todo este tiempo ha sido muy dependiente. Cuando era pequeña siempre estabamos juntas y como yo era una niña tímida en muchas ocasiones prefería salir con ella por la ciudad a ver exposiciones en lugar de salir con mis amigas. Soy incapaz de recordar aquella relación pensando que es insana porque aquello que quiera que no, me enseñó mucho de lo que sé hoy y a la vez, disfruté mucho de mi madre, pero en realidad no estaba bien tener a mi madre como una amiga cuando fuese mayor porque acabas contándole todo lo que te ocurre y ella acaba contándote a ti todo lo que guarda dentro, incluso cosas muy íntimas que tal vez una niña de doce años no debería saber, heridas del pasado. Mi madre no se daba cuenta y no la culpo, pero yo poco a poco me iba cargando y cargando de su desahogo. Era demasiado grande para mí. En esta ocasión estaba discutiendo conmigo lo que debería decirle directamente a mi hermano- le dije- y además a causa de esto nuestra relación se estaba deteriorando y discutiamos a menudo. Me fui chillándole que no me lo contará a mí mientras decía en voz alta para que yo me enterara desde las escaleras:- Este te va a controlar a ti, va a seguir así y nunca te vas a atrever a decirle un no.

Continuó, como digo mi madre siempre me ha contado todo e incluso a veces creo que he intercambiado el papel de madre e hija con ella. Cuando murió mi padre no hubo cambio aparente en nuestra relación, pero poco a poco me fui haciendo más despendiente de ella. Veía como se sentía sola y fría en la cama, sin poder llenar el hueco vacío, y comencé a dormir con ella. Abrazada a ella. Ya nunca dormía en mi cama, ya ni siquiera tenía cuarto (no tenía mi espacio), estabamos juntas a todas horas. Pero la cosa fue a más, el recuerdo de aquella mañana en que me llamó sobresaltada porque a mi padre le pasaba algo- no me apetece recordar más porque es muy doloroso- no remitía. De echo aquello también decía mucho porque aquel día fue a mí, una niña de ocho años a la primera que llamó entre lágrimas. Por favor, no prejudgueís a mi madre, es la mujer más trabajadora y con más fuerza que he visto en mi vida y siempre me ha dado mucha libertad y me ha enseñado tanto…, y siempre ha cargado sola con la casa desde que mi padre murío porque con mis dos hermanos el plan de limpieza se fue evadiendo porque no hacían nada. Todo ello además de su trabajo como profesora de primaria. Me gusta verla trabajar, es su distracción además de la lectura y lucha mucho. También, el fallecimiento de mi padre, le cogío una mala etapa a mi hermano Alejandro que pasaba por la adolescencia y por una etapa que perdonadme, pero al igual que el resto de mortales hoy le pondré etiqueta y la llamaré ”kani”.

Ese recuerdo no remitía y a menudo, me levantaba por las noches para ver si mi madre respiraba. Poco a poco comencé a acompañarla a todos lados, tenía miedo a que le sucediese algo, incluso imaginaba imágenes de hechos absurdos que podrían suceder y todo era un cúmulo de incomodidades. Esto si que lo veo insano. En realidad, no me cargaba solo con ella. Siempre acompañaba a mi hermano Gonzalo a todos lados desde que era pequeña. Recuerdo una noche que llovía y yo estaba en pijama. Él tenía que ir a devolver una película en el videoclub y me insistió para que lo acompañara y yo, dije que sí. Mi madre discutió muchísimo aquel día con él y yo me sentí muy culpable de la situación y tube miedo de que al día siguiente no actuara conmigo igual. No podía decirle que no, era capaz de sacrificarme por su afecto, cuando su afecto yo lo tenía incondicional, realmente. También es cierto que otras veces acompañaba a mi hermano al centro con sus amigos o anulaba una cita con mis amigas porque me apetecía ir con él. Ahora me sigue gustando. Entre el trabajo y las clases apenas tengo tiempo de estar con él y en muchas ocasiones salimos juntos, pero nunca dejo los planes con mis amigas por ir con él, acaso de que sea una ocasión especial o yo decida objetivamente que me gustaría hacer eso en ese día.

En realidad al fin y al cabo todo ello, se resume en mí. En querer darle mucho a los demás, el querer que se sientan bien, pero “a costa mía”, no me gusta llamarlo así, después de todo yo he sido feliz, pero me he dado cuanta de que tenía que cambiar en mis relaciones, sino acabaría siemdo una muñequita. Lo cierto es que me llama mucho la atención una cosa. De chica siempre le preguntaba a mi madre:- Mamá, ¿tú me quieres?. En una ocasión salió la conversación. -tú, ¿por qué decías eso de chica, Sandra?- me preguntó mi madre. Le contesté:-No lo sé, debe de ser que me resultaba extraño, haber llegado así por así (me refiero a cuando empecé a tener uso de razón) y que todas aquellas personas, mi familia, me quisieran tanto. Pero mi hermano añadió:- Yo creo que si lo decías debía ser porque pensabas que no te queriamos. Mi madre asintío. Y… no supe que decir. Yo siempre lo daba todo por ellos y sí me sentía querida, pero desde chica he sido muy observadora y he ido creando mi forma de pensar. Observaba todos los detalles y todos eran valiosos para mí. Me quedé muda ante esa pregunta. Lo cierto es que aún no sabría contestarla, pero si que me intriga porque la etapa de la niñez la considero muy importante, aunque voy encaminada hacía una respuesta porque el haberlo nombrado en esta conversación me indica que tiene que ver con las relaciones y aquello de lo que hoy os he hablado. Finalmente, deciros que la familia es muy importante, siempre están ahí, a pesar de lo mañ que lo pasan viendo mal a una que quieren y que se va a morir, con anorexia. Me pongo en su lugar y aunque no me culpo siento que lo tuvieren que pasar tan mal, pero siempre estuvieron ahí y quiero que disfruten muchisimo de mí, de lo que soy, de la persona en que me he convertido. Ellos son las únicas personas con la que convives tanto tiempo y a las que conoces más que a nadie porque conoces sus puntos débiles y fuertes, porque estás en contacto con sus problemas, porque hablas con ella cada día y te informas un poquito de cómo están. Imaginaís que no haya nadie que os pregunte de vez en cuando:-¿qué tal te ha ido el examen?, ¿cómo estás?, te veo mal, ¿salimos a comer?…

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