Ya nos lo cantaba Fito: “Sé que soy mucho más guapa cuando no me siento fea”
Jueves, 22 de Julio de 2010 por Rosa Vallellano
Hoy en día me preocupa mi físico. Me preocupa que me salgan granitos en la cara, me gusta estar morenita en verano, y pienso que he comido más de lo normal en la boda a la que fui.
Hace un tiempo, me obsesionaba mi físico (aunque no lo quisisera reconocer).
Hay una cita de Antonio Gala que decía que “la Felicidad es darse cuenta que nada es demasiado importante”. Y en mi caso, la obsesión por un peso y por una imagen que dar, fue tan importante que no me permitía ser feliz.
Lo malo es cuando algo (y me atrevería a decir también alguien), se convierte en el centro de tu vida, en tu prioridad con respecto a todo lo demás. En tu modo de vida. En tu motor para vivir. En tu objetivo para seguir viviendo.
Lo malo de las obsesiones es que nunca se agotan. Siempre va a existir alguien más guapo/a, más delgada/o, más moreno/a. Hasta dónde llegar, entonces?
Cuando un peso es tan importante, y de él “dependen tantas cosas”, como la felicidad, nunca va a ser el perfecto. Siempre se puede mejorar, y… lo que a mí más me angustiaba: en cualquier momento lo puedo perder. Yo perdí las dimensiones: una minucia parecía una inmensidad donde ahogarme.
Pero existe otra forma de ver (me). Otra forma sin necesidad de cambiarme. Darme cuenta de que soy un conjunto, no un centímetro más aquí o allá; que hay tantas cosas que atraen en esta vida: la sonrisa, los gestos, el tono de voz (gracias Raúl por Teatro!!!); que NADIE es perfecto, y que yo no pretende serlo; y que nada es tan catastrofista como para hacerme que no me levante de la cama.
((Gracias, miles de gracias a los que me leeis. Y perdones por haber estado tan ausente del blog))
