Nada más imperfecto que el perfeccionismo

Lo he pensado miles de veces: soy una persona muy poco eficiente, y eso me molesta.

Los estudios son un buen ejemplo de ello. A veces no sé si me voy a preparar un examen, o voy a realizar una tesis doctoral de la asignatura en cuestión. Mi método de estudio es muy pormenorizado, necesito comprenderlo todo, y mirarlo todo. Me cuesta trabajo saltarme temas y priorizar, o jugármela a la “ruleta rusa”. Necesito tiempo, ya que soy incapaz de mirarme temas nuevos el día antes, y…lo que es peor, necesito saber que voy a aprobar para presentarme a un examen.

Dicho esto, comprenderéis por qué, aunque esté en 6º de carrera, me queden tantas asignaturas de años anteriores. Y no creáis que no intento cambiarlo…me encantaría…pero es que me cuesta la misma vida.

Hacer las cosas de un modo que no es el mío, de un modo con el que no me siento segura…upfff.

Intentar hacer las cosas perfectas es absurdo. Absurdo porque nunca se puede conseguir, y eso frustra. Absurdo porque conduce a pérdida de tiempo y de esfuerzo. Absurdo porque es un método rígido, que cuesta cambiarlo y que no te permite adaptarte a las situaciones.

Intentar el perfeccionismo es aburrido, para el que lo intenta y para el que está al lado. Y sobre todo, es agotador.

A ver si consigo enterarme, porque me resulta muy frustrante cuando abandono las cosas, o ni las intento, no vaya a ser que no me salgan como yo quiero.

Durante años, estuve soñando con tener novio. Aunque, paradójicamente, nunca tuve uno.

El amor se encuentra, no se busca. Eso escuchaba. Pero lo cierto es que yo me esforzaba por encontralo, ya que equiparaba la idea de tener pareja con la felicidad, el sentirme más segura y acompañada, el sentirme querida y especial.

En otra ocasión, leí que La belleza que enamora, rara vez coincide con la belleza que atrae. Tampoco estaba dispuesta a asumirlo. Yo tenía muy claro el prototipo de hombre que me gustaba, tanto físicamente, como de personalidad. Y no iba a cambiarlo, porque tenía clarísimo que sólo él me podía hacer feliz.

Cuando entré en el centro ABB, uno de mis terapeutas me comentó una vez “vos buscás a tu otro yo. Una pareja no es un espejo” Y no podía entender por qué no. Yo tenía mentalmente muy estructurada mi idea de relación feliz, ideal…utópica.

Ahora tengo a una personita muy especial a mi lado. Podemos llamarle novio, incluso. Somos algo parecido al día y la noche. Nos diferenciamos en gustos musicales, gustos de ropa, edad, forma de vida… Pero cuando estoy con él lo paso muy bien, y me hace sentir muy bien. Pienso (y siento) que nuestras diferencias se complementan.

Ahora, mirando hacia atrás, me doy cuenta de que estuve buscando mi príncipe inventado. Era una forma más de no mojarme, de no implicarme en mi vida. Porque…siendo sincera…a veces los sentimientos dan miedo.

 

 

 

 

Pensar, decidir y actuar (que no es poco)

El otro día estaba yo sentada en mi ordenador leyendo una lista infinita de cursos y asignaturas de libre configuración para ver en cuál me matriculaba este año. Y ya que mi intención es acabar la carrera este curso, estaba obligada a coger una cantidad de créditos de libre que a nadie se lo recomiendo…

El caso es que me vi, agenda en mano, cuadrando los cursos entre exámenes y horarios, decidiendo qué es lo que más me gustaba, y todo esto dentro del plazo establecido. Os parecerá mentira viniendo de la boca de una chica de 23 años que llega hasta 6º de Medicina, pero…era la primera vez que lo hacía!

Yo misma me planteé qué es lo que había hecho hasta ahora: dejarme llevar. Dejarme llevar significa preguntarle a algún amigo mío qué iba a coger él y pedirle que me matriculase a mí también. Significa no enterarte, o no querer enterarte de los plazos de las preincripciones, ni de la web desde donde lo gestionas; significa no pensar qué es lo que más te gusta; no decidir por ti misma; no organizarte.

Y lo peor, para mí al menos, era la sensación de dependencia de los otros para todo, ya que yo no me sentía capaz de ocuparme de mis propios asuntos. Sentía que yo nunca me enteraba de nada y que no servía para ciertas cosas.

Lo cierto es que hoy por hoy, me obligo a llevar agenda porque soy un desastre; mis amigos me tienen que recordar los cumpleaños de los demás porque se me olvidan; y la página de la universidad se me va cada vez que empiezo a hacer la matrícula. Pero soy capaz de pedir ayuda para estas cosas, y soy capaz de volverlo a intentar. Ahora, pienso, decido, actuo.

No mueras por una dieta

Aquí os dejo un anuncio que se emitió en cines ingleses para sensibilizar sobre trastornos de la conducta alimentaria.

Recomiendo a aquéllos que lleven un día triste que lo aplacen para mañana, ya que esto no ayudará a mejorarlo.

http://www.youtube.com/watch?v=JYWqkIfHGhQ

Porque la salud no es negociable

Decía un anuncio que hay cosas que el dinero no puede comprar. Y yo creo que se refería, entre otros, a la salud.

Nos venden cereales especiales que, no sólo se desayunan, también hay que cenarlos, y así bajas un montón de tallas. Nos venden barritas de algo parecido a alpiste que por lo visto te la tomas y no hace falta que comas, porque ésa era tu comida.Nos lo venden y seguiremos comprando porque somos consumidores y ellos empresas.

Pero lo que me resulta indignante son centros especializados donde profesionales (de la estética, por supuesto, no de la salud) te orientan para que puedas adelgazar y alcanzar el cuerpo universalmente ideal. Y hablo desde la experiecia, refiriéndome a sitios como Naturhouse.

Recuerdo cuando fui hace unos 4 años, totalmente obsesionada por adelgazar, con un peso bastante normal, incluso dentro de la delgadez. Y aún recuerdo mejor el dinero invertido en las sesiones, las infusiones, los diuréticos, y un largo etc. A nadie le extrañó nada, nadie hace un control psicológico, nadie pregunta nada. Si pagas, no hace falta.

Esto, por supuesto, es sólo mi opinión. Sencillamente, escribo desde la preocupación como futura profesional sanitaria; desde el enfado como consumidora; y desde la indignación como paciente de bulimia nerviosa.

Autoestima

Hay ciertas palabras que de tanto usarlas parece que pierden su significado, verdad? Y creo que AUTOESTIMA es una de ellas. Pero la palabra lo dice muy clarito: auto-estima. Y quererse, y valorarse, y sentirse capaz y válido.

Y todo esto está genial, pero también me gustaría hablar de la otra parte de la autoestima que he aprendido en el centro ABB. La parte de conocerse a uno mismo, saber quién eres de verdad, sin comparaciones, saber qué te gusta. Y… más difícil todavía: aceptarte, incluso la parte negativa.

Antes de entrar en el centro, yo tenía el autoestima a la altura de mi dedo gordo del pie. Cuando salía con mis amigos a una discoteca, me torturaba pensando en que la gente tenía vidas interesantes y yo no, en que los demás eran graciosos y yo no. Y, bueno, no hablemos del ritmazo y los tipazos que tenían las chicas, todas menos yo.

Pero es que yo quería ser la más guapa del lugar. Yo quería que los chicos me mirasen en la discoteca, y ser LA MÁS simpática, LA MÁS divertida. Yo quería ser …ideal. Cuando se tienen listones tan altos, nunca se llega. Querer lo imposible es frustrarse en el camino.

He de aceptarlo, mi oído y mi ritmo van por caminos diferentes, pero aún así me divierte bailar. Y nunca soy  la más guapa de la discoteca (al menos para  mí), pero me siento guapa. Aceptarme tal y como soy….me ha costado. Y que se vean mis defectos…aún me cuesta.

Enana entre gigantes

El otro día estuve conversando con un amigo que me decía que no entendía muy bien mi enfermedad. Podía comprender, me contaba, que una persona quisiera estar más guapa o más delgada, pero no que se le fuese la vida en ello. Yo no supe darle una contestación rápida en ese momento, y creo que es bastante compleja la cosa como para nombrar causas, situaciones, o factores predisponentes, como les gusta a los médicos decir…

Pero quizás pueda transmitirle desde aquí una sensación que he tenido muchas veces en mi vida. Un sensación de no sentirme especial para nadie. Una sensación de prescindible, de indiferencia, de pasar desapercibida ante los demás.  De estar en un grupo de personas y pensar que no aporto nada, sintiéndome una enana entre gigantes. Pensando todo lo que podría ser y no soy. Sintiendo, coraje por no ser mejor en muchos aspectos, y miedo, de ser yo misma.

Y, es verdad. En esa época, cuando adelgazaba, no cambiaban mis amigos, ni mis cualidades o defectos; ni siquiera me encontraba mejor. No era eficaz. Pero era el recurso que tenía, el que conocía. Y el que usaba.

Wanted

Hace un tiempo, bastante años ya, decidí que era muy bueno eso de estar rodeada de gente, y de personas, y que cuantos más, mejor. Decidí que ésta era la fórmula mágica de mi felicidad, para no sentirme sola, para vivir un montón de experiencias y no perderme nunca nada.

También llegué a la conclusión de que, para que estas personas no me abandonasen, no podía fallarles. Y claro, esto suponía no decirles que no nunca, no enfadarme con ellos, y evitar a toda costa que ellos se enfadasen conmigo. Suponía estar dispuesta siempre para todos/as, y estar pendiente de no dejar a nadie de lado.

Pero parece que mi fórmula mágica tenía fallos…y entonces empecé a rodearme de mucha gente, con todos y con ninguno a la vez. Porque cuando se intenta rodear algo muy grande no se puede alcanzar con los brazos.

Y empecé a sentir  la obligación de cuidar a mis amistades, perdiendo así todo el sentido de la palabra amistad. Empecé a no saber quiénes eran mis amigos de verdad, ni tan siquiera, quién era yo en realidad. Era capaz de amoldarme a lo que los demás quisiesen de mí.

Y yo, que quería estar en todas partes, no estaba en ninguna. Teniendo a gente maravillosa a mi lado, yo buscaba más. No sé muy bien qué había perdido, quizás a mí misma.

Abre los ojos

La otra noche, tumbada en mi cama, cerré los ojos y me puse a recordar…

…recordé, y al recordar, sentí. Sentí dentro de mí una conocida sensación de angustia y de desesperanza. Algo me preocupaba mucho, muchísimo, y me daba mucha rabia. Todos estos días atrás pasando hambre, midiendo cada trozo de comida, deseando que llegase la hora de comer para engañar a mi estómago y tomarme algo…y ahora todo a la mierda.

Todo a la mierda por un momento de descontrol, no sé cómo me ha podido pasar otra vez. Me he quedado sola, he sentido hambre, o gula, o no sé que era…y he empezado a picar, pero al final he comido un montón. Y ahora me doy asco. Me da mucha rabia ser tan débil. Me juro y perjuro que ya no me va a pasar más.

Ahora no puedo parar de darle vueltas a la cabeza contando y recontando lo que me he comido. Calculando las comidas que me voy a tener que saltar a partir de ahora para compensar. Y todavía me queda una tarde entera por delante. A ver qué coño hago, porque no quiero salir de la cama. Y lloro, lloro de impotencia, de agobio, de pensar que mi vida es así…

…y de repente abrí los ojos. Me sentí aliviada, todo eso era mi pasado, mi vida ya no es así.

Pienso, luego insisto

Del orden de 40.000 a 50.000. Ésta es la cifra que han estimado los científicos: una persona adulta elabora en un día unos 40.000-50.0000 pensamientos distintos. Ante esto, yo me pregunto: 1.- ¿Cómo leches habrán estudiado esto?, 2.- ¿Qué hago yo con tantos pensamientos en mi cabeza?
Cuando me detengo a pensar…me da pena. Me da pena desperdiciar tiempo y energía en pensamientos que no me conducen a nada: pensamientos que dan vueltas en mi cabeza y son siempre lo mismo; pensamientos que asaltan mi cabeza a lo largo del día, insistentemente, y no los despisto ni aunque me ponga a cantar (¿sólo yo he utilizado esta técnica?); pensamientos pesimistas de que no voy a conseguir algo, o pensamientos machacantes de por qué he hecho algo en el pasado, y podríamos seguir.
Al fin y al cabo… ¿no pienso yo lo que quiera? ¿no se supone que soy yo la dueña de mis pensamientos? Joder, no sé se puede cambiar de vida, quizás no esté al alcance de muchos, pero desde luego, se puede cambiar el modo de verla, y de vivirla:
Pensar en los aspectos positivos de las personas que nos rodean, de nuestras vidas, de nosotros/as mismo/as; confiar en que somos capaces de lo que nos proponemos; aceptar nuestros errores.
¿Pues sabéis qué os digo? Yo voy a empezar ya…Y confío en que puedo conseguirlo.

Older Posts »