Y entonces llegaste tú…
Miércoles, 5 de Noviembre de 2008 por patriciaoliva
Bueno, aquí estoy de nuevo, cumpliendo compromisos propios…y asumiendo ciertas postergaciones.
Hace muchos años llegó al mundo mi hermano, Toni, con él vi amenazado mi trono hogareño…yo tenía nueve años y hasta entonces había sido la reina de la casa, todo giraba entorno a mí. Poco a poco, tuve que ver como mis padres tenían que compartir su cariño entre dos, algo normal en una familia, que a mí me provocó un sentimiento de abandono…en ese momento me revelé contra el mundo. Me alejé de mis padres, ya que los culpaba por haberme abandonado y no le dí una oportunidad a mi hermano…eso significó mucho peso para una niña que tan sólo tenía nueve años. Y no lo supe gestionar.
Empecé a “llevar las riendas de mi vida”…pero más lejos que crecer e ir viviendo la vida, serena y loca (según se mire) de una adolescente. Yo, me aislé, yo me tragé esa rabía que me provocaba haber quedado desplazada de mi familia y mi adolescencia se convirtió en una rebeldía que nadie entendía.
Yo tampoco la entendía, llegó un momento de mi vida que ni yo misma podía controlar la rabía o la tristeza, y ya no sabía qué procedencia tenía. Sólo identificaba, que todo empezó después de la llegada de mi hermano.
Ahora, veo el porqué de ese sentimiento y lo que me perdí de este ser estupendo. Siempre fuimos dos extraños que se cruzaban por el pasillo o se dedicaban a chincharse el uno al otro. Claro, yo lo quería, pero no podía mostrárselo porque siempre me había comportado así con él. Los dos nos volvimos duros frente al otro…pero claramente, nos importábamos. Era muy extraño y contradictorio.
Cuando mi hermano se enteró que estaba muy enferma…lloró, supongo, yo no lo ví, pero ahora que lo conozco más, seguro que lloró (es un llorón). Tan sólo tenía 18 años, y su “hermana perfecta” estaba completamente hundida, me vió volver a casa, me vió autolesionarme, me vió en mis peores momentos…jamás ha ido al centro a entrenarse…pero sorprendentemente, siempre ha sabido lo que tenía que hacer conmigo. Toni, yo no te tengo que perdonar, al contrario, quizás tú a mí sí, te culpé de algo que tú ni siquiera sabías y me perdí muchas cosas de tí.
Ahora eres intocable para mí, ahora que te veo feliz, al lado de esos ojos azules, yo soy feliz…y ahora que tengo la suerte de estar más cerca tuyo intento disfrutar cada momento, aunque a veces se me escape la antigua rabía…
Cuando te ví aparecer el otro día con ese tatuaje y me explicaste su significado…”significa tu libertad”, me quedé parada, y pensé…todo lo que yo pueda hacer se queda pequeño, mi hermano se ha tatuado algo mío para toda la vida…me hice pequeñita. Cómo podía demostrarte cuanto te quiero…bueno, no he encontrado mejor manera que contándote el porqué de muchas cosas y dedicándote este espacio tan mío.
Gracias por existir pequeñajo…eres de lo más importante de mi vida, intocable!
Te quiero
Pat
PD: la misma sonrisa, eh??
PD: Ah! se me olvidaba, quería decirle a mi cuñada, que…gracias por no juzgarme nunca…eres un amor!










