El otro yo también soy yo

Hola ciberespacio. Aquí ando de nuevo. Quería compartir con vosotros mis logros, que sigo haciéndolos. Con esfuerzo pero con resultados positivos, que es lo importante. He pasado en las últimas semanas problemillas con la comidad, aunque me avergüece en cierta manera contarlo porque ya son tres años de tratamiento y me gustaría que el fantasma no estuviera. Pero está. Viene al cuento aquí el título del post. Y es que ese otro yo también soy yo. La que acaba recurriendo a satisfacerse con la comida para tapar otras insatisfaciones más profundas que tienen que ver con mi vida, con mi día a día, con el que sigo siendo muy crítica. No es que me haya dado atracones, pero sí me he permitido descuidarme más de la cuenta. Un juego muy peligros para el que hay que estar muy alerta. Ahora lo estoy. Es parte de la curación, caer y recomponerte. Sacudirte de encima el polvo de la chaqueta y seguir con la frente bien alta, porque el camino andado no lo vas a desandar. Tienes que repetírtelo una y otra vez… Así que ahora estoy en la fase de mimarme, que me gusta, aunque a veces se convierte en una cuesta arriba porque es más cómoda, al menos al momento, la pose de mártir y triste, de nadie me quiere, nadie me cuida, me tiro en el sofá. Pero con el tiempo te das cuenta de que eso no funciona. Antes tampoco, porque te hace sentirte fatal a la larga, pero ahora menos. Ya has descubierto tus cartas, a tí misma la primera, y sabes que eso es pan para hoy y hambre para mañana. Hay que mirar alrededor y buscar la belleza en las pequeñas cosas: una película, una conversación con alguien, un abrazo de tu pareja. Y eso te da gasolina para dejar de mirarte el ombligo negativo por un rato largo. Ahí estoy yo. Buscando mis rincones en mis días frenéticos, en los que no tengo tiempo para nada que no sea obligaciones. Hay que librar minutos para las devociones y para nosotros. Que ya está bien de sufrir. Así que en esas ando. No dejándome llevar por el otro yo que también soy yo… Aprendiendo a convivir con él sin que gane la batalla. Besos

Sentido y sensibilidad

Viene al cuento el título de esta película, bellísima por cierto, para contaos un poco cómo ando. Llevo muchos dáis sin escribir, lo sé. He estado liada. Bueno, sigo así. Mi vida es un poco frenética y a veces pienso que las responsabilidades me crecen como los enanos o quizá que yo me las busco o que me pongo más de las que tengo. Pero el resultado es ese desenfreno que me lleva de un lado para otro. Intento buscar huecos para mí y a veces lo consiguo. Y es genial. Pensar que quieres ir al cine y hacerlo, aparcando el deber por el querer, aunque surja la culpabilidad a cada momento. Y ese sigue siendo mi gran caballo de batalla, la sensibilidad. A veces me pregunto si se puede modelar y la respuesta es difícil. Creo que he dado bastantes pasos pero que soy así, sin más: SENSIBLE. a veces demasiado. Cuando me hacen un comentario feo en ocasiones siento un nudo y unas ganas de llorar que tengo que pararme, discutir con mi cabeza y recomponerme. Dios, es superduro. Toca asumir, aceptar, pero es una losa sentir ese desgarro. Mi responsabilidad, de nuevo, sale a flote. Ser perfectita, para todos. Y si no lo eres, el bajón. Lo dicho, es mi lucha. Creo que en muchos aspectos empiezo a aceptar de buen grado cómo soy. No me escondo. Ni mi humor negro, que a muchos les pesa, ni mi momento maruja, ni mi lado justiciero. Lo tengo, lo veo y lo acepto. Lo de ser vulnerable lo llevo peor pero estoy en el camino. Por cierto, mis disculpas a todos los que habéis escrito estos días. Espero poder iros contestando… Os animo a buscar un sitio donde os pongan en el camino, como a mí. Es duro pero es vital. Besos fuertessss

Estoy de vuelta…

Hola a tod@s. Ya estoy de vuelta. Bueno, al trabajo no. Hasta el lunes no empiezo y ya le veo las orejas al lobo. De un tiempo a esta parte he perdido la ilusión por el trabajao que alguna vez tuve pero supongo que ese es el quiz de la cuestión, que todo lo ponía en el trabajo y ahora tengo que buscarlo en otras cosas no? A lo que voy. Estos días he estado d vacacaciones (sigo) y como no tengo ordenador, de ahí este salto. He estado en Amsterdam y Berlín. Estaba deseando viajar por Europa. Lo más lejos que había ido era a Portugal y, aunque me encanta, he comprobado que no es lo mismo. En el viaje he estado luchando con mis pensamientos obsesivos, leáse pánico al avión, hipercontrol, hiperorganización y dudas con la comida. Pero aquí estoy, He de decir que el balance es bueno. Me voy conociendo mejor, aunque haya cosas que me gusten más bien poco, pero las sobrellevo. Me dicen que me toca aceptar, es difícil, de verdad. Porque una de las ilusiones que nos hace enfermar es ser perfecta y cuando te das cuenta que eso ni se pude lograr ni existe, te frustras. Pero en ello estoy y no pienso dejar el tratamiento hasta que llegue al final. A los que me leéis y a vosotras dos, saludos de nuevo. Espero que la cosa os vaya mejor… Veo que algo sí. Ahora me voy a comprar que esta noche he invitado por mi cumpleaños a cenar a un regimiento. Ayer me cayeron los 31. Tela… Besitos

Pedid ayuda, sin complejos

Hola, especialmente a vosotras dos. He leído vuestros últimos mensajes y me alegra todo, hasta tu tropiezo Pastu. Eso te ayuda a ser más fuerte y a aprender de tus errores. Analiza el antes, el durante y el después y busca donde ha estado el traspié. Cuando yo empecé la terapia me dijeron: la clave está en intentar no subir los últimos peldaños, bajarse antes. A veces es imposible, llegas arriba y luego te caes. Pero es cierto que hay varios momentos que puedes controlar, donde puedes parar, y si lo piensas fríamente no es tan difícil. Yo, como sabéis, llevo casi tres años sin darme atracones. Empecé el tratamiento y confíe totalmente en ellos, pero muchos de los pensamientos de entonces siguen. Ahora los ignoro o, por decirlo más finamente, los mando a la mierda. También reconozco que es fundamental pedir ayuda en el momento justo. Durante meses no pude hacerme de comer ni elegirme las comidas, ni tan siquiera las horas. Los días que le veais las orejas al lobo a lo mejor tenéis que hacer eso. Así le quitas fuerza a los alimentos. Por ejemplo tú, Pastu, puedes pedir a alguien que te ponga la merienda. Si no lo eliges tú, la culpabilidad baja. Es matemático… Yo, por ejemplo, he pasado un fin de semana de traca. He tenido tres celebraciones seguidas con mesas repletas. Creo que me he pasado en alguna, al menos eso es lo que me dice mi vocecita, y me asalta la culpabilidad. Pienso, Dios, que putada, con lo bien que iba. Pero es que eso es lo que hace todo el mundo. Algunos días se pasa. Y si seguimos haciendo cálculos no acabaremos nunca. respecto a lo de estar obesa, yo sí sé de lo que hablo. Yo llegué a tener obesidad mórbida y de un día para otro me dio por irme al extremo anoréxico, comía lo mínimo para poder seguir teniendo fuerzas, hasta que el médico me dijo que estaba en mi peso. Era muy infeliz siendo obesa, pero ahí está el error. Nosotras pensamos que gordo es obeso. No. Obeso es una enfermedad, tener unos kilos de más no es nada malo. Pero nuestro criterio ya no vale, es erróneo desde hace años. Es una báscula mental. No real. Yo adelgacé, sí, pero idealizaba a una mujer tipo modelo que nunca llegó ni nunca iba a llegar porque mi cuerpo es el que es. Ahora dejo de perseguir utopías e intento estar en forma, con mis kilos de más, que los tengo, pero en forma, sana, mental y fisícamente. Y aunque hay ratos en los que me doy algo de grima, la mayoría me veo hasta bien. Y eso me encanta. Y como de todo, que también me encanta. No sé si os sonará todo esto a los mundos de yupi pero es así, tan real como os lo cuento, y os aseguro que estaba tan enganchada como vosotras. Cuando me preguntan dónde está el cambio, ahora sé que estaba en fortalecer mi autoestima, que la tenía puesta en el cuerpo. En cuanto he empezado a quererme y a no macharcarme, a ver cosas de mí que están bien, que le gustan, el envoltorio ya no es el centro de mi mundo. Espero (de hecho lo creo, porque hablar de ello y pedir ayuda es el paso más importante) que lleguéis ahí. Y pedid ayuda siempre que la necesitéis, sin complejos, cada día. Es vital para salir de esto. Besitos. Me voy a comer que ya me suenan las tripas….

Por cierto, os adjunto otra fotografías mía, para que os ríais un poco. Me la hice este verano en una rueda de prensa. Besitos

Todo el mundo tiene DÍAS

Hola preciosas o preciosos, que supongo que aunque aún no me haya escrito ningún chico alguno que otro habrá por ahí. Quiero darle especialmente los buenos días a las dos personas que me han escrito últimamente. Y sobre todo quiero daros un abrazo enorme y todo mi ánimo. Nadie mejor que nosotras mismas, ni psicólogos ni psiquiatras puede entender la desesperación que sentimos cuando estamos ahí, en el pozo, y pensamos que esta pesadilla no se va a acabar nunca, que es parte indisoluble de nosotras y que no cambiará. Es mentira. Ese es otro pensamiento más de la enfermedad que quiere arrastrarnos para que estemos siempre ahí, con ella, para que no levantemos cabeza. Se puede y hay que repetirlo cada mañana, cuando nos levantamos, cuando nos  miramos al espejo. Aunque nos veamos gordas, amorfas, aunque tengamos ganas de morirnos. Hay que ser más fuerte y decir se puede, claro que sí, con un par. Os entiendo. Yo estoy en ello. Llevo tres años de tratamiento, al igual que tú, y aunque estoy en una fase avanzada, no estoy curadad en absoluto. Hay días que pienso tanto en la comida que creo que voy a volver a las andadas y me aterra. Pero todo el mundo tiene días, hasta la persona que creemos que es más equilibrada tiene neuras y paranoias. Lo importante es no hacerle tanto caso como le hacemos nosotras, silenciarlas en lugar de darle el altavoz. Siempre pensaba, reiteradamente, en mi mierda, en mi vida, sin importarme nada más. Ahora cuando esucho ese martilleo miro a mi alrededor para distraerme. Pregunto a los demás como están, y se pasa. Por supuesto, a tí que dices que no sabes cóm decirle a tu familia como estás, no cometas ese error. Ocultarlo es lo peor que puedes hacer, también así le das alas. Hay que ser valiente. Es el primer paso. No hay vergüenza, ¿por qué has de tenerla? No has hecho nada malo. Estás enferma y además no de un resfriado. La bulimia no se quita de un día para otro. Es imposible. Y la recuperación tampoco es lineal. Dices que tu novio no te entendía, peor para él. Lo importante es que entiendas y te quieras tú. Piensa seriamente si estás igual que antes. Seguro que no. Seguro que aunque sea en un uno por ciento has avanzado y eso es un clavo donde agarrarte. ¡Si has mejorado un uno por ciento por qué no un 50, y luego un 90! Sé positiva. Te ayudará. En fin. Voy a ponerme a trabajar. Espero seguir sabiendo cosas de vosotras. Un abrazo enorme. Cristina

Estoy viva

Por aquí ando de nuevo. Llevo muchos días sin escribir porque estoy super liada. Para mi el verano es temporada alta, como en los hoteles y en chiringuitos. Hago mucha noche y duermo poco pero este año no quiero descuidarme tanto como otros y mis días libres me los tomo muy en serio. En fin. Creo que la cosa va bien. Este mes de agosto he decidido cogerme vacaciones terapéuticas. Eso es. No voy a ir a mis sesiones de etapa tres hasta septiembre. Creo que me viene bien probarme, ver cómo voy y ver cómo me desenvuelvo con mi día a día y mis paranoias como si dijéramos a pelo. Me hace falta saber que la cosa va bien y creo que así es. Con mis altibajos y mis pequeñas obsesiones, que tengo algunas, pero sin estar incapacitada para las cosas que hago. No sé si os puedo transmitir en condiciones el cambio que supone tener una vida normal pero os digo que es genial. Apenas lloro y antes lo hacía por todo. Paro mi cabeza, mis angustias y mi negatividad. Sobre todo con mi cuerpo. Antes me costaba un mundo arreglarme y ahora lo hago con normalidad, aunque algunos días no me vea bien. Pero no me impide salir de mi casa. Y os seguiré contando que para variar me reclaman. Besitos mil…

Lo que me rodea

Aquí estoy de nuevo. Como prometí la última vez hoy voy a contaros un poco de mi vida, de mi día a día, para que no sea todo tan reiterativa y para que entendáis un poco más de dónde vengo y hacia dónde quiero ir. Para empezar, diré lo básico. Tengo 30 años, nací en Málaga pero llevo siete años viviendo en Marbella por motivos de trabajo, soy periodista del DIARIO SUR, un periódico diario de Málaga y tengo novio desde hace seis años. Se llama Santi y ha sido, es y será mi apoyo más fuerte. Además tengo una ‘mejor amiga’ en Málaga, con la que comparto mis andanzas desde el instituto, algunas otras desperdigadas por España y un grupo genial en Marbella, a mi lado, compañeros de la profesión con los que me río mucho y que me apoyan en mis neuras. Que no es poco. Mis días son frenéticos. Trabajo cinco días y normalmente descanso los fines de semana. Entro a trabajar a las once pero varios días me levanto a las ocho de la mañana para ir al gimnasio que es la mejor terapia contra el estrés que hay. Antes me costaba un mundo ir a hacer deporte. Me sentía pesada, descolocada y hasta tonta. Ahora lo considero algo imprescindible aunque lo de madrugar lo lleve fatal. En el trabajo estoy hasta mediodía. De ahí a mi casa a comer (tardo unos 20 minutos en coche) y a las cinco vuelta a la oficina. Hasta que termine. Y eso es imprevisible, me pueden dar las nueve, las diez o las once. Eso es lo que más me quema. A veces siento que no tengo otra vida que el periódico y ha sido algo que he tenido que trabajar en el tratamiento. Buscar mis huecos, mi espacio, mi ocio. No dejar que lo eclipsara todo como hizo durante años. Entre mis planes más próximos está casarme, si convenzo a  mi novio que aborrece esas cosas, y tener hijos. Entretanto, mi instinto maternal lo calmo con tres gatos. Me encantan, son como mi otro yo. Tengo uno ciego. Se llama Stevie, por el cantante, y dos más que se colaron en mi jardín y que se han acoplado. A veces me saturan porque son muy cafres y lo dejan todo fatal y me entran los agobios de la limpieza. Pero me encantan. Y qué más. Pues que me gusta mucho la música, cantar cuando voy conduciendo, el cine y viajar. Santi y yo nos compramos un piso, un bajo con jardín en Marbella hace tres años, y eso nos obliga a privarnos de algunos caprichos pero me encanta mi casa. Cada día más. Antes no la soportaba por mi exigencia y mi perfeccionismo. Ahora sí. El resto os lo seguiré contando otro día. Besos a todos

Esta vez me cuesta arrancar…

Hola de nuevo. Por aquí ando. Llevo unos días un poco de bajón, como os comenté el otro día. La verdad es que es difícil llevar todo lo que llevo para adelante y no desfallecer, no tener dudas, no tener miedos, no tener inseguridad. Antes de seguir me gustaría agradecer a los que me escribís. Me encanta recibir vuestro mensaje (será por ese punto egocéntrico que tengo, je, je) pero es un gustazo saber que hay alguien al otro lado. Y sigo. Decía que están siendo unos días raros. Esos en los que te notas que tienes que hacer un esfuerzo doble para levantarte, ir a trabajar, no postergar las cosas que tienes que hacer sin caerte… Es algo con lo que hay que luchar de vez en cuando. No sólo yo, la gente normal. Todos tenemos altibajos, más o menos marcados, pero los tenemos, lo importante es no dejarnos llevar del todo. Sobrevivir esos días hasta que pase. Eso lo he aprendido en todo este tiempo. Se trata básicamente de no montar dramas y de no pensar “¡Oh Díos! Otra ves igual. Sigo enferma. No voy a poner!” y todas esas barbaridades que nos decimos continuamente. Cuesta mucho. No os voy a mentir. Muchos días pienso esas cosas porque me veo incapaz, con poca iniciativa y hasta un poco tonta. Pero sigo aquí y eso me hace remontar. También he de tener cuidado con la comidad porque me asaltan pensamientos feo. No como antes, de atracones ni nada, pero sí de intentar focalizar en cierto tipos de alimentos mi angustia. Digamos que es cuestión de estar atenta y de plantar cara a este coco que nos ha dado Dios. Pues bueno, seguiré contanto cositas. Ahora sigo con el trabajo. La próxima os contaré cosas más personales para que me conozcáis, que creo que he contado poco de mí y de mi vida diaria… Besitos

Ya llegó el bajón…

Hola familia cibernética… Ya ha pasado lo peor. Mi jefe a vuelto y yo vuelvo por extensión a mis labores de la segunda fila. Y el bajón, era lógico, tenía que aparecer. Ha sido casi un mes de estrés concentrado, donde me ha pasado casi de todo lo que me podía pasar profesionalmente, y estoy bastante satisfecha con el resultado, teniendo en cuenta lo exigente que suelo ser conmigo mismo y lo que me machaco, aunque no tanto como podéis leer en mi anterior post. Lo cierto es que me ha pasado como cuando te bajas de la bicicleta y te sientas. La adrenalina, las pulsaciones, se van al otro extremo en cuestión de segundos. No es tristeza, sólo como si estuviera a cámara lenta. Creo que es que ahora tengo que digerir todo lo que me ha pasado y me sigue pasando. Los cambios en mí, los personales y los profesionales. Saber gestionar lo que pienso, apartar la negatividad que tenía antes y esas cosas que compartimos muchos de nosotros y la mayoría de los mortales. Para eso, y aunque me siga costando un poco de trabajo reclamar algunas cosas que me corresponden, me he pedido mañana libre, para descansar tres días seguidos y cuidarme, disfrutar, relajarme. He de confesar que a veces me da un poco de miedo desbordarme. Hay días que pienso en la comida, en lo que hacía antes y en si ese sería un camino para calmar el bajón. Sé que no. Lo sé más que nunca. Pero son esas evocaciones, los recuerdos, que siguen ahí y sé que seguirán por algún tiempo. Sólo hay que enfrentarlos de cara y con valentía. Bueno, corto ya. Voy a terminar otra cosilla que me queda por hacer. Espero que os sirva lo que os cuento. A mí muchos. Besos desde Marbella…

La libreta de mis mil machaques

Hola a todos. Hoy que tengo un huequito y que va pasando lo peor (mi jefe ya llega el miércoles) quiero compartir con vosotros algo que encontré el otro día en un cajón. Me sorprendí un montón. Una pequeña libreta con una cuerdecita en la que hace años, por lo menos cuatro, empecé a escribir lo que pasabe por mi cabeza por consejo terapeútico de la psicóloga que entonces me trataba. Ahí van.

“Viernes 29. Atracón. Me quedo sola en el trabajo. No sé tomar decisiones. Todo lo que hago me parece mal y creo que todo lo que hacen los demás es mucho mejor. Compro mucha comida y acabao vomitando”

“Sábado 30. No me quiero levantar. No tengo pensamientos concretos o no sé cuáles son. Me bombardean. Como el de enfrentarme a otro día. Ni tiene sentido apuntar los pensamientos negativos porque me va a faltar libreta”

“Domingo 31. Huelo mal y la gente no se acerca por eso. No se acercan a mi sitio porque huelo mal o porque soy muy gorda y no quieren darme un abrazo. Cena con 14 personas. Me siento muy mal con mi cuerpo y soy una amargada y amargo a todos. Nadie me ha dicho que estoy guapa. La gente me está mirando y se ríe de mí”

“Lunes 1. Me siento mal, hundida, gorda. Necesito comer. ¡Qué más da! Seguro que es por que me voy a poner con la regla. Por unos pocos dulces que me coma no va a pasaar nada. Hace tiempo que no lo hago”

“Martes 2. Estoy gordísima y tengo la cara fea. Parezco un tío. No sé para qué me sacrifico. Nunca me veré bien. Todo esto es para nada. No tengo ganas de arreglarme. Espero no tener que ir a ningún lado para no tener que elegir ropa”.

Y como estos, mil más. Han pasado años y ya no pienso así, afortunadamente, pero muchas veces es bueno saber de dónde vienes para saber a dónde quieres llegar. Yo tengo clarísimo que no cambio nada de mi vida actual, aunque las cosas no salgan siempre como quiero y sepa que tengo limitaciones, por ese otro yo que se machacaba constantemente.. Seguro que muchos os sentís igual. Seguro que si cogéis papel y boligráfo os salen burradas similares. Eso es la enfermedad. Ese runrun que no te deja vivir y que machaca cada vez más. No tiene fin, sólo si tú se lo pones. Doy fe…

Older Posts »