Cuenta atrás

Hola familia cibernética. Cómo pasa el tiempo. Los días son intensos pero vuelan. Yo ahora ando en el descuento. El próximo viernes me voy de vacaciones. Un mes enterito. Cómo lo necesito!!! No lo sabéis bien. En algunos momentos llegué a pensar que no llegaba. Me aturde tanto estrés y tanta angustia en cada cosa que hago pero cada día tengo más claro que soy así y que poco va a cambiar ya esto. Tengo una personalidad complicada, enrevesada, a la que le gusta ponerme piedras en el camino que yo tengo que identificar e ir quitando constantemente. Es como eso que hablábamos en las primeras terapias. Como cuando sientes que de verdad hay un ángel y un diablito a ambos lados de tu cabeza. Para las decisiones, para los sentimientos, para la comida. Que estrés!!! Quiero contaros cosas sobre mi tratamiento. Llevo más de un año en etapa tres y he de decir que es lo que más me está costando. Se trata de afinar, de asentar, de normalizar. Difícil. Es mejor achacarlo todo a una enfermedad que asumir que lo que haces es cosa tuya. Muy difícil. En estos meses he tenido problemillas con la comida. Intentos de volver a refugiarme en algo que se que no me sirve de nada, sólo para pasarlo peor. Creo que estoy volviendo al camino del angelito (¡Qué coñazo con el diablito!). Así que espero poder contaros avances muy, muy pronto. Besos a todos.

Cristina

En una mala racha

Hace mucho que no escribo, demasiado. Quizá sea una mezcla de vergüenza y de bajón lo que me disuade de hacerlo. Quizá ninguna de las dos cosas, simplemente que a veces quiero aparcar todo esto aunque vuelva día tras día. Estoy en una mala racha, dura, muy dura. Vuelvo a entrar en el círculo vicioso de la comida y me cuesta mucho soltar eso. Lo peor es que lo veo pero no quiero. Ahora sé que puedo pararlo y que cuando quiero lo hago con facilidad pero a veces me dejo llevar. De nuevo porque creo que lo necesito y que me va a gratificar. Es que hay días, últimamente casi todos, que no puedo con mi ansiedad y mi angustia. Me siento pequeñita, inútil, tonta… La exigencia se me dispará y ‘voilá’. Ahí está esa mezcla que me incapacita y casi no me deja respirar. Ahora, por ejemplo, acabo de terminar de trabajar y me voy para casa. Pero no paran de asaltarme pensamientos de que he hecho las cosas mal y de que mañana me vendrá una bulla de algún sitio, seguro… Tengo la boca seca, las piernas flojas y todo lo que ya sabéis, porque sé que muchos de vosotros me entendéis a la perfección. Incluso alguna que otra taquicardia. Ahora tengo otra vez una libreta para apuntar mis ingestas y me escribo a mí misma cada día para ver cómo va la cosa. Pero mejoro muy poco y estoy cansada…

Vivir en una noria

Aquí estoy. Hace un siglo que no escribo. Para variar sigo teniendo en la falta de constancia uno de mis mayores puntos débiles. Bueno, no sé si es una debilidad o algo con lo que tengo que aprender a convivir. Con esto y con otras pocas de cosas. Lo cierto es que llevo una racha, como os digo, que estoy montada en una noria. Lo mismo estoy arriba, viendo todo con una superioridad que da vértigo, y a mí más, que estoy casi en el subsuelo. Lucho, mucho, por encontrar un termino medio que no me dé tantos vaivenes pero lo cierto es que mi situación actual no es muy fácil que digamos. En el trabajo, como la mayoría de la gente que afortunadamente lo conserva, somos menos para lo mismo. Vamos, que sí antes andaba estresada y presionada ahora no tengo palabras para describir cómo me siento. Fatal es poco. En este punto lo que intento es controlar no dar rienda suelta a mis neuras porque a veces me vuelvo medio loca. Veo fantasmas por todos lados y, lo que es peor, muchas veces me los creo. Pero todo tiene su otra cara de la moneda y, como siempre tiendo a la negatividad, hoy quiero hablaros de lo que he descubierto de positivo. Lo primero, mi capacidad para comunicar lo que me pasa. Es algo inédito en mí. Antes no decía nada, me lo callaba, me atascaba, y ahora, aunque me cueste, me desahogo. Se me nota hasta en la cara y eso, aunque para muchos pueda parecer normal, para mí es fantástico porque nunca lo hacía. Me ponía la máscara y para adelante, sin dolor aparente. Sólo interno. Que es el peor. También siento una fortaleza enorme para salvar las situaciones límite que antes no tenía. Me explico. Si me pasa lo de ahora con el trabajo hace cinco años posiblemente estaría de baja desde hace días porque sería una especie de muñeca rota. Ahora me pego yo sola y hago lo imposible por llegar a mi casa con un ánimo que me permita desconectar y disfrutar de mi vida y mi novio. Por que sé que tanto una como otras con fantásticas y no quiero que se me olvide… Que en el calor del agobio me da por pensar que todo es una gran M y, sí, se me olvida. Así que, si os ayuda esto, intentad mirar lo bueno hasta en los momentos malos, os ayudará a no veniros abajo más de lo necesario. A mí me ayuda. Os seguiré contando… Y si puedo os subiré una foto, pero eso parece que es más difícil porque sigo sin aclararme con esto. Besitos

La reina sin trono

Hola a todos. Y perdón por este paréntesis más bien grande… Os cuento un poco como va la cosa por mi vida y me gustaría que vosotros hiciérais lo mismo, por si en algo os puedo ayudar. A lo que voy. No voy a engañar a nadie. Me encuentro en una etapa de bajón bastante potente. Creo que estoy llegando al núcleo de mi enfermedad después de más de tres años de tratamiento. No es que antes no lo hubiera hecho pero es que ahora doy pasos que me llevan a conectar de plano con este núcleo duro y siento un desgarro enorme por dentro. Me explico. Soy narcisista al máximo. No es que me guste reconocerlo pero lo contrario no me ayudaría demasiado. Eso implica que todo lo que sea delegar, ver a gente que hace las cosas bien o mejor que yo y todo lo que vaya por ese camino me hace sentir como una reina destronada o sin trono. y Creedme que es un sinvivir. Es como sentir que no vales nada. Mi trabaja es muy absorbente pero es que en él he fundamentado mi autoestima todos estos años. Me sacas de esto y me siento como una colilla o peor. Y últimamente siento que no valgo ni para eso. Que estoy cansada. Frustada. Que no soporto la presión, las responsabilidades y todo lo que conlleva el trono así que he decidido ceder la corona. Como comprenderéis decirle a mi jefe esto no ha sido nada fácil. Ni yo lo he digerido. Sé que lo voy a pasar fatal. De hecho ya lo estoy pasando mal. Lo analizo todo, tengo las neuras a flor de piel y con la comida estoy regular. Vuelco mucho en ella y me descontrolo. Lo dicho, un bajón. Pero creo que debo invertir mucho en este momento porque es la clave, el click que me falta. Ahora mismo estoy escribiendo, por ejemplo, sola en la oficina porque estoy de guardia, y tengo un nudo en el estómago del quince de pensar que he hecho algo mal o que algo va a salir mal mañana. Es una sensación que últimamente me acompaña mucho y que me quita casi la respiración. Pero seguiré luchando por calmarla. Espero que también con vuestra ayuda y ánimos. Un beso enorme a todos….

Los lunes a la sombra

No sé qué les pasa a los lunes. Qué día más complicado. Ahora que mi compañera y amiga ya ha cambiado de trabajo, intento remontar el ánimo, que anda regular. Aunque sé que no me voy a morir, que no va a ser un drama enorme porque todo sigue, me cuesta trabajo seguir aquí, en este trabajo. Es como si todo lo que había a tu alrededor se fuera desmoronando… Hay rachas en las que notas como que las cosas buenas se van yendo de tu lado y te sientes como sola, desvalida. No os pasa? Estoy intentando sacar el positivismo hasta de debajo de las piedras. A veces logro encontrarlo y me viene genial. Otros días se me hace más cuesta arriba. Son muchas horas (algunos días salgo más tarde de las diez de la noche desde por la mañana) y se echa un falta una cara amiga por aquí. Sí, sé que es un trabajo y no mi vida, pero paso casi más tiempo aquí que lo que sería mi vida… En fin. Estoy algo desganada y sé que ahora me toca esto pero siento que siempre hay algo que me dinamita, que me pone con la ansiedad por las nubes… Es mi lucha. Menos mal que algunas cosas sí me van realmente bien. Con mi novio estoy genial y hemos tenido un buen San Valentín. Sí, lo confieso, me encantan esas americanadas. Lo de las cosas es forma de corazón, la cenita, las velas, las flores… Son una romántica empedernida… Y cada año disfruto como una enana con el ambiente de Cupido. Mea culpa. Je je

Novedades!!!

No os dejéis engañar por las exclamaciones. No es que las castañuelas hayan vuelto a mi vida. Lo prefiero. Por que sé que después de las castañuelas viene el castañazo y eso duele. Así que mejor que las toquen otros. Yo prefiero algo más intermedio. Os cuento. Después de mi episodio pseudohistérico del otro día, la semana la llevo algo mejor. Estoy intentando frenar mi cabeza loca. Están pasando miles de cosas. A mi amigo lo han despedido y mi amiga, la que trabaja frente a mi y es mi otro yo, se va a final de la semana próxima a trabajar a otro sitio. Y no puedo negar que me siento como si viniera el lobo, como si estuviera al borde del precipicio y no fuera a poder. Ahí es donde estoy intentando cambiar el chip. Pienso en lugar de que no voy a poder que me va a costar o que por qué no voy a poder, si ellos estarán cerca de mí y cuando los necesite sólo tengo que silbar. Eso y mi ego. Vaya tela con mi ego. Me pone de los nervios ver que la gente me supera en algo y sentirme mediocre. En eso también estoy pisando el freno. Me sale el bicho que llevo dentro y quiero comerme a la gente, me vuelvo muy agresiva… Lo reconozco y lo asumo. Así que a ratos digo, es el momento de no abrir la boca por un rato porque sabes que lo que va a salir no va a ser nada bueno. Y funciona… Aunque tampoco podré estar toda la vida callada… Todo esto se traduce (¿os sonará?) en que tengo menos ansiedad y se refleja menos en mi relación con la comida. Y lo agradezco infinitamente. Bueno. Ahora os dejo que en mi tarea de pensar qué necesito para mí misma he decidido que me voy con mis amigos a cenar a un japonés y he medio obligado a mi novio, un amante bandido de estar en casa. A ver cómo me sale. Espero no sentirme culpalble por arrastrarle. Voy a empezar a tocar la tecla mental desde ya. Besos a todos. Y, mil gracias por los mensajes de apoyo del otro día. A Victoria y a Carlota. Gracias por compartir esto, lo mío y lo vuestro. De corazón

Amanece y es otro día

Y menos mal. Después del vapuleo que me dio anoche la ansiedad, he de decir que hoy me he levantado mejor. No para tirar cohetes, porque más tranquila. Voy a contaros un poco qué hice después de escribir el post de ayer. La verdad es que depués de echar unas lágrimas, empecé a pensar a quién podía llamar para desahogarme. Pero, como siempre, pensé en que sería una carga, en que es muy monótono lo que me pasa, y todo ese rollo machaque que me hace mi cabeza. Así que me fui a mi casa sola, con mis gatos, y me puse una película. Me ayudó algo pero sé que si hubiera sido capaz de descolgar el teléfono dejando a un lado mi orgullo todo hubiera ido mejor. Pero ahí esta el ‘quiz’ de la cuestión: ahora me cuesta que la gente que tengo altibajos. Es como si sólo me tocara estar bien y recomponerme yo sola. Lo cierto es que en mi casa, fuera del entorno de la oficina, la cosa bajó pero para la próxima sé que debo tirar de los demás, como ellos harían. Es mi próxima tarea. Bueno, tarea no que sino me cargo otra vez más y me exijo al máximo. Diagmos que debo hacerlo… Besitos. Os sigo contando mis progresos. Me voy para casa. Sin Internet y sin periódicos por medio…

La angustia, una y otra vez

Ahora mismo no quiero nada más que cerrar los ojos. Dormir para no sentir este nudo en el estómago, este ardor que me está casi consumiendo. Acabo de terminar de trabajar y me martillean todos los mensajes de que algo va a salir mal, de que mañana me caerá bronca y de que no valgo para nada. Los siento tan reales que no puedo más… Envidio a la gente que hace su trabajo y punto, sin darle muchas vueltas a la cabeza, sin preocuparse más que por el ahora. Me cuesta tanto. Me siento tan paranoica, tan inferior, como si fuera a explotar de la angustia… Sólo me queda irme a casa. Me he alquilado unas películas de vídeo porque mi novio se ha ido con los amigos. Me siento tan mal… Espero que pase un poco. Un beso…

Hola. Son las nueve y media de la noche del domingo. Ahora que por fin tengo internet en casa, -aunque por poco tiempo, después volveré a los años 60 (je, je)- aprovecho que mi novio está haciendo la cena para compartir unas cositas con vosotros. Estos días, como os dije en mi anterior post, siento que llevo de nuevo la mochila con más peso de la cuenta. Hay varios frentes abiertos. Todos me cuestan igual y me hacen sufrir a ratos.

Uno es mi familia. Digamos que mi madre no está pasando por muy buen momento y ella, la entiendo, me trasmite su angustia pero sin ponerle nombre, de una forma muy rara que a mí me hace saltar. Por ejemplo, con el hiperproteccionismo o analizándome más de lo que yo hago conmigo mismo, que ya es decir. El otro día empezó a cuestionar mi forma e hablar, si lo hacía muy rápido, o hizo referencia a un reportaje mío con un tono de voz familiar, el de la exigencia, para acabar dándome a entender que no lo había entendido. Ya sé que debo verlo desde su prisma y no atribuirme las cosas pero me cuesta horrores. Es mi madre y está siempre ahí, sobre mi cabeza. En fin.

El otro frente es Santi, mi novio. Veo cosas en mi relación que me cargan, que no me gustan, especialmente nuestra disparidad de gustos, aficiones y biorritmos. Me explico. A él le encanta la casa, tanto que puede estar 72 horas dentro, y a mí me gusta mucho la calle, no sólo para salir sino para dar un paseo, ir al cine o a cotillear en las tiendas. Llevo con el seis años y le he acostumbrado tanto a que eso lo hago sola o con otros que ahora, cuando intento pedirlo, siempre acabo enfadada. Es cierto que al final dice ‘venga, vamos’ pero el temor a la culpabilidad posterior si hace algún comentario o pone alguna cara me retrae de dar el paso y al final siempre cedo yo. Y vuelta al principio, otro paso a que se acomode. No es una cuestión de dejarlo, porque nos queremos mucho. Sé que hace esfuerzos, los veo, pero cuando estoy más baja de ánimo todo el castillo de naipes se va a la mierda y entro en el círculo negativo. Lo bueno es que ahora puedo hablarle y decirle lo que quiero, que ya es un paso.

Respecto al trabajo, había llegado a un punto en que tenía más o menos controlada mi exigencia pero ahora noto que se me desboca de nuevo. Sube la competitividad, el control hacia lo que hacen los demás y querer ser la mejor. Eso me hace presionarme tanto que acabo exhausta. y aunque discuto conmigo misma y me freno, hay días que se me va y siento hasta que odio a todo el mundo. Es muy dañino, lo sé. En ello estoy, intentando reconducirlo una vez más…

Y como consecuencia de todo lo anterior, está la ansiedad con la comida. Aunque nada de lo que me pasa es comparable con lo de antes (los fantasmas del cuerpo casi no aparecen y convivo muy bien con él) sí es cierto que en momentos puntuales vuelco en la comida expectativas para satisfacerme que luego no tienen, ya lo sé, pero es como un eco que está ahí y vuelve de vez en cuando. Me aterra esto, especialmente pensar que no pueda controlarlo y se me vaya de las manos o que tenga que vivir así eternamente. Por eso muchas veces pienso en tirar la toalla. Quería compartirlo. Sacarlo. Sin vergüenza. Por eso estoy aquí, para hacer el camino con vosotros. Gracias por acompañarme.

Otra vez los FANTASMAS

Qué difícil es esto!. A veces me entran ganas de tirar la toalla, he de reconocerlo, porque se hace tan cuesta arriba en algunos momentos que no sabes si todo era más fácil antes. Gracias a Dios, estos pensamientos negativos no tardan mucho en volver a su sitio y recolocar lo que quieres y lo que sabes que necesitas: curarte. A mí me está pasando ahora. Vuelven los fantasmas, que están siempre ahí acechando para ver cuándo pueden volver a tener el protagonismo que buscan, y vuelven los miedos, las dudas, las inseguridades, la exigencia extrema y la ansiedad por la comidad. Tiemblo sólo de pensar que pueda volver atrás, que no sea capaza de salvar este bache. Luego tiro yo sola de mí para arriba y me pongo las pilas, me digo ‘claro que puedes, pequeña. Si los has hecho otras veces esta no va a ser distinta’. Pero reconozco que el desgaste a veces es doloroso. Los fantasmas están ahí, son parte de mi vida y de mi personalidad. Mi tendencia a ver el vaso medio vacío en lugar de medio lleno y a la que intento darle la vuelta cada día. Esa es la lucha y ya os digo que NO PIENSO TIRAR LA TOALLA. Con todo lo que he ganado en este tiempo de tratamiento y todos los fantasmas que ya están en el olvido, los que quedan irán por el mismo camino. SEGURO.

PD: Gracias a todos por vuestro mensajes. a los que estáis luchando, seguid haciéndolo. a los que no habéis pedido ayuda, ánimo, merece la pena. Y a tí, Raquel, mil gracias. Siempre me acuerdo de aquellas terapias tuyas que fueron mano de santo, de la caña que me diste y de tu apoyo, que siempre está en el aire. Un beso enorme…

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